sábado, 15 de febrero de 2014

Julio Cortázar juega Rayuela - Araceli Otamendi

Julio Cortázar (c) Alicia D´Amico
tapa de la edición conmemorativa de Rayuela a 50 años de su publicación
editorial Alfaguara 


(Buenos Aires) Araceli Otamendi 

A 30 años de la muerte de Julio Cortázar y al cumplirse 100 años de su nacimiento, escribí este ensayo sobre su obra, especialmente su novela Rayuela.

Julio Cortázar juega Rayuela


                 "¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas..."
                                                                                   Julio Cortázar, Rayuela

Al cumplirse 50 años de la publicación de Rayuela, nos encontramos de nuevo  con la narrativa de Julio Cortázar, el gran escritor argentino  al que nunca hemos dejado de leer.  Las ediciones conmemorativas, la publicación de sus cartas y de las clases que brindó en University of California, Berkeley, amplían lo que tal vez, no estaba publicado, pero ya sabíamos los lectores ávidos de su obra.
Al decir del crítico y poeta Saúl Yurkievich: "...La obra de Julio Cortázar es invasora colonia de pólipos, enjambre incontenible, transmigración de anguilas, pero también es poliedro de cristal tallado, sextante, sistema planetario. Es a la vez take y estro armónico, free jazz y clave bien templado. Cortázar es a la vez nigromante y pendolero, esfera y maremagno,  trompo y tromba. Cortázar encarna todas las metamorfosis de ese genio proteiforme que llamamos literatura. Cortázar, es en cierto modo, toda la literatura...". (1)
Julio Cortázar les dice a los alumnos de University of California: "...Para empezar, un escritor juega con las palabras pero juega en serio; juega en la medida en que tiene a su disposición las posibilidades interminables e infinitas de un idioma y le es dado estructurar, elegir, seleccionar y rechazar y finalmente combinar elementos idiomáticos para que lo que quiere expresar y está buscando comunicar se dé de la manera que le parezca más precisa, más fecunda, con una mayor proyección en la mente del lector...". (2)
En Rayuela,  Cortázar expresa una etapa metafísica como él mismo afirma: "...  esta etapa que llamo metafísica a falta de mejor nombre se fue cumpliendo sobre todo a lo largo de dos novelas. La primera, que se llama Los premios, es una especie de divertimento; la segunda quiso ser algo más que un divertimento y se llama Rayuela..." (2).
Frente a lo anquilosado, lo acostumbrado ¿la novela? tal como se conocía,  Cortázar propone algo distinto.  La instrucción para ablandar el ladrillo, que prolonga el "Manual de instrucciones", primera sección de  Historias de cronopios y de famas, contiene el germen de Rayuela; condensa simbólicamente la situación, la concepción y la actitud de Cortázar ante la falsa vida, ante la Gran Costumbre. (1)
El autor crea al personaje central de Rayuela, Horacio Oliveira, un hombre muy común y este personaje pone en tela de juicio cualquier cosa, no acepta las respuestas de la sociedad x o de la sociedad z, de la ideología a o de la ideología b.
Horacio Oliveira,  “... es un hombre como cualquiera de nosotros, realmente un hombre muy común, no mediocre pero sin nada que lo destaque especialmente; sin embargo, ese hombre tiene - como ya había tenido Johnny Carter en "El perseguidor" - una especie de angustia permanente que lo obliga a interrogarse sobre algo más que su vida cotidiana y sus problemas cotidianos. Horacio Oliveira, el personaje de Rayuela, es un hombre que está asistiendo a la historia que lo rodea, a los fenómenos cotidianos de luchas políticas, guerras, injusticias, opresiones y quisiera llegar a conocer lo que llama a veces "la clave central", el centro que ya no sólo es histórico sino filosófico, metafísico, y que ha llevado al ser humano por el camino de la historia que está atravesando, del cual nosotros somos el último y presente eslabón...". (2)
Julio Cortázar  sabe que va en otra dirección cuando escribe Rayuela como  una anti-novela, intenta romper los moldes en que se petrifica el género, según le escribe a Jean Barnabé. Considera que la novela "psicológica" ha llegado a su término y que si hay que seguir escribiendo cosas que valgan la pena, hay que arrancar en otra dirección. (3)
Como Fernando Pessoa y su Libro del desasosiego, que el lector puede leer como un anti-libro, ya que el libro se va armando  según la edición con los papeles dejados por el poeta portugués y puede seguir armádose,  Julio Cortázar invita a los lectores a jugar con Rayuela, a hacerse cómplices del juego, a ser activos. Para eso indica en el Tablero de dirección dos posibilidades, el primer libro que se deja leer en la forma corriente y termina en el capítulo 56, y el segundo libro que se deja leer empezando por el capítulo 73 y siguiendo luego en el orden que se indica al pie de cada capítulo. " ...El problema de Rayuela es que se convirtió e una novela o antinovela o contranovela como la han llamado los críticos - ha habido muchas palabras para definirla - por una serie de circunstancias de tipo personal y literario...", dice Cortázar.  (2)
"...La novela puede ser muy corta o casi infinita, algunas novelas terminan y uno se queda con la impresión de que el autor podría haber continuado, y algunos continúan porque años después escriben la segunda parte. La novela es lo que Umberto Eco llama la "obra abierta" : es realmente un juego abierto que deja entrar todo, lo admite, lo está llamando, está reclamando el juego abierto, los grandes espacios de la escritura y de la temática...". (2)
Cortázar se confiesa lector de Le Monde donde aprende cosas como el principio de incertidumbre de Heisenberg y plantea este principio en la literatura cuando lo  pone en una pequeña frase del Club, en Rayuela: "...En el momento en que se llega al límite de una expresión, ya sea la expresión de lo fantástico o la expresión de lo lírico en la poesía, más allá  y al mismo tiempo tiene la tremenda fuerza de esas cosas que sin estar reveladas parecen estar haciéndonos gestos y signos para que vayamos a buscarlas y nos encontremos un poco a mitad de camino, que es lo que siempre está proponiendo la literatura fantástica cuando lo es verdaderamente...". (2)
Cortázar sabe, cuando escribe Rayuela que, como los científicos cuando dan una sensación de calma, de seguridad y de confianza, hay un momento de su investigación, de su meditación, en que de golpe empiezan a perder los pedales y se les mueve el piso, porque ya no hay certidumbre, lo único que vale es el principio de incertidumbre. (2). El autor sabe que está jugando con el alfabeto "ese maravilloso juego de cubos de colores" cuando está escribiendo. Rayuela es un territorio donde todo es posible e incierto al mismo tiempo e invita al lector a jugar.
Entre Horacio Oliveira y la Maga, otro personaje de Rayuela, la rabdomancia ambulatoria postula encuentros fatales por atracción cósmica o por transmisión telepática. Son juegos iniciáticos con tendencia a ritualizarse, vinculados a la esfera erótica, imbuidos de relaciones misteriosas (mito, magia, liturgia, sacramento), de simbología cósmológica, como rayuela y calidoscopio, se encuentran la rabdomancia y el juego de las peceras. (1). “...En Rayuela, para citar un libro que yo escribí hacia  los años 50-60,  hay con alguna  frecuencia situaciones eróticas pero ninguna está tomada de frente..." (2)
"...La búsqueda marca todo el relato. Rayuela empieza con la pregunta "¿Encontraría a la Maga?" (1:15). Oliveira buscador prospectivo (Maga, edén) y retrospectivo (el juego de recobrar lo insignificante, lo inostentoso, lo perecido), se autodefine como tal: "Ya para entonces me había dado cuenta de que buscar era mi signo, emblema de los que salen de noche sin propósito fijo, razón de los matadores de brújulas..." (1:20)...". (1)
Rayuela es literatura  y juego como partida existencial, novela y anti-novela, espacio lúdico, territorio inexplorado,  Julio Cortázar apela al principio de incertidumbre para introducir al lector en el juego, para jugar con todo y jugarse, lo reinstala en ese espacio. Cortázar busca un lector activo que juegue también al leer Rayuela.

(c) Araceli Otamendi
escritora y periodista argentina
Buenos Aires, diciembre de 2013

bibliografía:
Julio Cortázar, Rayuela, 50 edición conmemorativa, Buenos Aires:Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, 2013
(1) Saúl Yurkievich, Julio Cortázar: mundos y modos, 1997, Ediciones Minotauro,S.A. Barcelona
(2) Julio Cortázar, Clases de literatura, Berkeley, 1980, 1ª edición, Buenos Aires: Aguilar, Altea, Taurus, Alfagura, 2013
(3) Julio Cortázar,  De una carta a Jean Barnabé, 17 de diciembre de 1958, publicada en (2)

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