lunes, 24 de marzo de 2014

A 100 años del nacimiento de Octavio Paz por Washington Daniel Gorosito Pérez

   



(México D.F.) Washington Daniel Gorosito Pérez


A 100 AÑOS DEL NACIMIENTO DE OCTAVIO PAZ (1914- 1998)
       OCTAVIO PAZ  ANTES QUE NADA UN POETA…QUE NACE Y MUERE
                                              EN CADA VERSO

                                                                 La poesía siembra ojos en las páginas
                                                                 siembra palabras en los ojos.
                                                                 Los ojos hablan, las palabras miran,
                                                                 Las miradas piensan.
                                                                                                        Octavio Paz


Este año se cumplen 100 años del nacimiento del escritor Octavio Paz, un 31 de marzo de 1914 en Mixcoac, año de inicio de la Primera Guerra Mundial y en México se desarrollaba la primera gran revolución del siglo XX. Paz, uno de los grandes escritores hispanoamericanos de todos los tiempos; fundó revistas, generó debates, se metió de lleno en su tiempo y en… la historia.
Desde los comienzos de su carrera literaria, rompió con las formas poéticas tradicionales y abrazó la modernidad. El mismo explicó: quiso “liberar a la palabra de reglas o propósitos utilitarios” para devolverle esa esencia mágica. Fue neo-modernista en sus comienzos, luego más tarde existencial, y, por momentos, poeta con tintes de surrealismo. El reconoció que en su formación “fundamentales fueron los surrealistas, con quienes hice amistad en el año 46 o 47, que en esa época estaban más cerca de los libertarios”.
En realidad Octavio Paz no echó raíces en ningún movimiento porque siempre estuvo atento ante los cambios que se iban produciendo en la poesía y le gustaba experimentar. Por lo que su poesía terminó por convertirse en una manifestación muy personal y original. Paz es un poeta de gran lirismo cuyos versos contienen imágenes de enorme belleza.
El escritor Alfonso González en un artículo publicado en la Revista de la Universidad de México consideró sobre su estilo que: “Octavio Paz desarrolló la antigua concepción azteca del tiempo circular, del tiempo sin pasado ni futuro, del presente eterno, el fluir del tiempo como algo recurrente y presente aparece desde el Laberinto de la soledad hacia 1950”.
Octavio Paz no llega a la escritura por casualidad, lo traía en los “genes”, le vino de familia. Tanto su abuelo como su padre, escribían y se dedicaban a la política. A los 17 años fundó la revista “Barandal” dos años después en 1933 utilizaría la misma denominación para su primer libro. Siempre interesado en la política y lo ideológico, viajó a España durante la Guerra Civil y luchó del lado de los republicanos. Posteriormente obtiene la beca Guggenheim en 1944, por lo que radicará un año en Estados Unidos.
En 1945 ingresa al Servicio Exterior Mexicano y su destino es París. Por medio del poeta surrealista Benjamín Péret conoce a André Breton, también se relaciona con Albert Camus y otros intelectuales europeos e hispanoamericanos que residían en la capital francesa de la posguerra. En esta etapa de su vida se aleja del marxismo y se acerca al surrealismo.
Se pueden distinguir claramente tres etapas en la obra de Octavio Paz: en la primera había cierta impersonalidad; en la segunda entroncó con la tradición surrealista, y cierto orientalismo, en la última dio prioridad a la alianza entre erotismo y conocimiento. En la década de los 50 publicó cuatro libros fundamentales: El laberinto de la soledad, El arco y la lira; ¿Águila o Sol? Y Libertad bajo palabra. En su extensa trayectoria como escritor obtuvo gran cantidad de galardones, pero el mayor de todos, fue el Premio Nobel de Literatura en 1990, otorgado como reconocimiento universal a su obra.
Paz fue un hombre de gestos políticos, en 1968 cuando estaba en la Embajada de México en Nueva Delhi- India, ocurrió la masacre de Tlatelolco, como medida ética, renunció a su cargo de Embajador en señal de protesta por el proceder del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Los años posteriores emigró de México y se dedicó a la docencia en algunas universidades de Estados Unidos, como las de Harvard, Pittsburg y Pensilvania.
En octubre de 1971, transcurría el sexenio de Luis Echeverría y “un poco con esa idea de redescubrir los valores liberales y democráticos en la sociedad mexicana” fundará la revista “Plural”, “elegante fusión de literatura y política”, la que dirigirá hasta su desaparición en 1976. A diferencia de otros escritores e intelectuales mexicanos de la época, Octavio Paz le retiró su apoyo al presidente Luis Echeverría, al constatar la escasa voluntad que demostró en aclarar las matanzas de Tlatelolco 68 y San Cosme 71.
Al llegar al número 58, “Plural” desaparece y fundará “Vuelta”, en la que la influencia del liberalismo será fundamental y, en ella se reflejará la “reconciliación” del poeta con esta corriente de pensamiento.
Sobre la política tan importante para él sostenía: “Las sociedades son redes de relaciones biológicas, sexuales, espirituales, económicas, jurídicas, religiosas, estéticas. Estas relaciones son también de orden político. Mejor dicho: son relaciones y no meras colisiones gracias a la política. Sin política no hay organización social, ni convivencia, ni cultura, no hay sociedad. Si se desea conocer lo que es una sociedad, hay que interrogar a su cultura: a sus leyes, sus monumentos, sus ciencias, sus formas económicas, sus creencias… y sus instituciones políticas. En suma, la política es parte de la cultura y sin ella no es posible entender a nuestro mundo ni a nuestra sociedad”.
En primavera, el 19 de abril de 1998 muere Octavio Paz, en su amada ciudad de México. ¿Realmente murió? Comparto con ustedes que pensaba Octavio Paz sobre la muerte: “Entre nacer y morir transcurre nuestra vida. Expulsados del claustro materno, iniciamos un angustioso salto de veras mortal, que no termina sino hasta que caemos en la muerte. ¿morir será volver allá, a la vida antes de la vida? ¿será vivir de nuevo esa vida prenatal en que reposo y movimiento, día y noche, tiempo y eternidad, dejan de oponerse? ¿morir será dejar de ser y, definitivamente, estar? ¿quizá la muerte sea la vida verdadera? ¿quizá nacer sea morir y morir, nacer?

(c) Washington Daniel Gorosito Pérez

México


lunes, 17 de marzo de 2014

La violencia hacia las mujeres y el silencio - Araceli Otamendi



(Buenos Aires)

He participado en numerosas ediciones de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, como invitada, como organizadora y coordinadora de actos con escritoras y escritores argentinos y  de distintos países, en diálogos y mesas redondas,  además de haber participado en dos ediciones de las Jornadas Internacionales de Mujeres Escritoras en San Pablo y en San José de Río Preto, Brasil, en encuentros internacionales con escritores en mi país, y en otros eventos literarios tanto en Buenos Aires como en otras ciudades del país.
Siempre las escritoras participantes fueron numerosas en los actos culturales. Dada la violencia hacia la mujer que aún existe en la sociedad, leemos a diario noticias acerca de mujeres golpeadas, maltratadas, excluídas y víctimas de la violencia, me llama mucho la atención que algunas escritoras emergentes  de otro país se hayan presentado  ya hace años para decir que ellas no se consideraban feministas y que eso correspondía a escritoras de generaciones anteriores. Seguramente era una estrategia de posicionamiento lo que decían, cuando las escuché, lo atribuí a eso. O tal vez, seguramente, era una estrategia decir eso para congraciarse con sus pares, algunos  escritores varones. No lo sé. Estas escritoras que vinieron a Buenos Aires para decir eso, seguramente habrán conseguido algún agente literario que ya las catapultó a la fama.
Yo creo que nunca hay que abandonar la causa de las mujeres, y sobre todo las escritoras no lo pueden hacer.  Porque la juventud pasa, la fama pasa, las relaciones de pareja pasan,  la fortuna se puede dar vuelta y las mujeres no pueden seguir siendo víctimas de la violencia. No se puede ser cómplice de la violencia hacia las mujeres callándose.

(c) Araceli Otamendi

viernes, 7 de marzo de 2014

Una introspección en el Día Internacional de las Mujeres Por Javier Claure C.

                        

(Estocolmo) Javier Claure C.

La historia de las mujeres, a lo largo del desarrollo humano, ha sido una historia cargada de dolor, de abuso y de penurias de toda índole. Desde los más eruditos hasta los más ignorantes; han tratado de subordinar a la mujer bajo su poder. En muchas culturas, incluso antes de Cristo, la mujer era vista como una ciudadana de segundo grado. Zaratustra, poeta del siglo VII a. C. decía por ejemplo: “La mujer debe adorar al hombre como a un Dios. Cada mañana debe arrodillarse nueve veces consecutivas a los pies del marido”.
Por otro lado, distintas religiones han contribuido, de una u otra manera, al sometimiento de la mujer. En Génesis 3:16, del Antiguo Testamento, se revela esta situación: ”… y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”. Grandes sabios, que han pasado por la Tierra, escribieron pensamientos peyorativos en contra de las mujeres. La herencia romana del “pater familias”, es otro factor que ha contribuido a la sumisión de la mujer. Es decir, el jefe de la familia tiene total dominación sobre la mujer. La “vitae necisque potetas” (poder de vida o muerte), en la época romana, jugó un papel de mucha importancia. Y se expresaba como el poder que tenía el “pater familias” sobre su esposa, sus hijos y sus esclavos. El patriarcado, como organización social, en donde el patriarca de la familia tiene el poder, trajo consigo la opresión y la dominación de la mujer.
En la antigüedad, las mujeres no tenían derecho a voto, derecho a estudiar en las universidades, no tenían acceso a la política ni a la vida pública. Eran consideradas propiedad del marido y, en consecuencia, se dedicaban solamente al hogar, y a las tareas cotidianas de la casa. En otras palabras; sus ideas, sus deseos y sus inquietudes intelectuales se esfumaban como pompas de jabón dentro de cuatro paredes. Pero a pesar de muchos obstáculos en el camino, siempre han existido mujeres que han mostrado gran inteligencia, rompiendo ese cerco impuesto, ante ellas, por las sociedades retrógradas y machistas. Además, han existido mujeres que lucharon por liberarse del yugo patriarcal. El escritor y filósofo italiano, Umberto Eco, nos recuerda: “No es que no hayan existido mujeres filósofas. Los filósofos han preferido olvidarlas”. Hiparquía de Grecia (300 – 346 a. C), quizá sea una de las primeras mujeres filósofas. Otro ejemplo digno de citar es Hitapia de Alejandría (370 – 415 d. C), filósofa y matemática. Hitapia trabajó como profesora de matemáticas y elaboró, junto a su padre; también matemático, textos para sus alumnos.  
En Suecia a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, el sometimiento de la mujer ante su marido; estaba determinado por la ley, y el matrimonio era considerado una institución eterna. El divorcio existía en casos muy extremos. En muchas partes del mundo, las mujeres y los niños trabajaban en condiciones infrahumanas. Y con el advenimiento de la era industrial, el trabajo de las mujeres se convirtió en un trabajo pesado, monótono y esclavizado. No tenían ninguna protección  y solían trabajar doce horas o más, teniendo solamente una hora de descanso para comer. Algunas mujeres se escapaban de las fábricas para casarse o trabajar como sirvientas. Marx y Engels, en sus escritos, hablan de la sobreexplotación que sufrían, especialmente, las mujeres y los niños. La proletarización de las mujeres en el sistema capitalista, se muestra decían, en las mujeres sin formación profesional, en la mano de obra barata y en los contratos masivos. Para Marx, estaba claro: la emancipación de la mujer se logra a través de una Revolución Socialista. Por eso, aseguraba, que la lucha de las mujeres debería unirse a la lucha de clases.    
Contrariamente a las teorías progresistas de Marx y Engels, han existido ideólogos del movimiento obrero que no supieron comprender, en toda su esencia, el trabajo de las mujeres.
Pierre Proudhon (1809-1864) y Ferdinand Lassalle (1825-1864) eran teóricos que mantuvieron posturas incoherentes en cuanto a la mujer se refiere. El más reaccionario era Proudhon quien afirmaba: “… Si la mujer es igual al hombre, entonces significaría el fin del matrimonio, la muerte del amor y la ruina de la raza humana”. Dicho de otra manera, las mujeres, según ese pensamiento ultra rancio, deberían ser objetos sexuales, amas de casa y, como efecto, totalmente dependiente de sus maridos (!). Proudhon nunca supo entender el protagonismo de la mujer en la evolución de la especie humana. Sin su madre, él mismo jamás hubiera escrito sus razonamientos equivocados.
Lamentablemente los juicios de Proudhon y Lassalle que manifestaban la inferioridad de la mujer respecto al hombre; habían calado en las mentes de las capas sociales del mundo. En el Congreso de Fundación del Partido de los Trabajadores de la Socialdemocracia alemana (SDAP), que tuvo lugar en 1869 en Eisenach, los marxistas lanzaron protestas contra los argumentos atrasados de Proudhon y Lassalle. Sin embargo, no fue suficiente. Se exigía tomar medidas adecuadas para la protección del trabajo de las mujeres. Y los marxistas, a un principio, hicieron formulaciones un tanto ambiguas, suscitando confusión y desconfianza por parte de las militantes más combativas. La creciente presencia de trabajadoras en las fábricas textiles, de tabaco y en otras manufacturas, en el mundo, hizo factible la organización de las mujeres en sindicatos.
Así por ejemplo las trabajadoras de Berlín fundaron, en 1873, una asociación de obreras. Un hecho bastante riesgoso, tomando en cuenta que las leyes prusianas prohibían a las mujeres de participar en asambleas. Clara Zetkin (1857-1933) y Alexandra Kollontai (1872-1952) fueron figuras importantes en el proceso de emancipación de la mujer. Ellas comprendieron perfectamente los enunciados de Marx y Engels. Zetkin perteneció al Partido Socialdemócrata Alemán. Fundó el periódico “La Igualdad” que se convirtió en un excelente foro para las conquistas sociales de las mujeres. Sus ideas fueron válidas para la creación de la Segunda Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores), fundada en Paris en 1889.
En el II Encuentro Internacional de Mujeres en Copenhague, en 1910, Zetkin junto a Kathy Duncker; otra mujer socialista, propusieron instaurar un día dedicado a las mujeres obreras de todo el mundo. Este día es el 8 de marzo de cada año. Junto a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht crearon la “Liga Espartaco” que fue un grupo revolucionario.
Kollontai, por otro lado, militó en el Partido Comunista ruso, y ocupó una cartera en el gobierno de su época. Estudió historia del trabajo y escribió artículos defendiendo las posiciones de las mujeres. Vale decir; luchó por la igualdad de la mujer. Sus aportes teóricos y prácticos ayudaron a la liberación de las trabajadoras rusas. Gracias a su talento organizativo condujo una huelga de amas de casa contra los altos precios de las mercancías. Un aspecto importante de su formación humanista, se reveló cuando se opuso a la Primera Guerra Mundial. Podríamos decir que Zetkin, Kollontai, Luxemburgo y otras mujeres de ese tiempo fueron las precursoras del movimiento feminista.
Como podemos observar, en diferentes épocas de la historia, las mujeres han puesto en tela de juicio el patriarcado y la opresión a su género. Y esas polémicas se han intensificado, al rojo vivo, en las décadas del 60 y 70 por los movimientos feministas en ciertas partes del mundo. En lo que a Suecia respecta, se fundó el grupo 8, en Estocolmo el 8 de mayo de 1968, como una respuesta al monopolio de los hombres. Se trataba de un movimiento feminista que ejercía una lucha política en todos los estratos de la sociedad sueca. Incursionaron en la cultura, en los medios de comunicación y crearon debate. Se estableció lo que llamaron “la cultura femenina”  que sigue vigente.
Estamos en la era de la informática. Nunca antes la humanidad había alcanzado tanto desarrollo tecnológico. Se ha avanzado mucho en el campo de la psicología, las ciencias sociales y la pedagogía. Está demostrado que la capacidad intelectual del hombre y de la mujer son iguales dependiendo del medio en el que se desarrollan. Sin embargo, existen miles de miles de hombres en el mundo que se han aferrado a las teorías de Proudhon y Lassalle. Y viven aún en la Edad de la Piedra. Actualmente, las mujeres siguen siendo víctimas de los hombres. Los abusos y la violencia de género siguen causando problemas intrafamiliares, incluso, en casos extremos, traumas psicológicos. Las mujeres aún son discriminadas en el trabajo. Las mujeres son las que luchan en la faena de la casa y cuidan a los hijos. Una de las hijas del Premio Nobel de medicina, cuando la entrevistaron en la televisión refiriéndose a su padre dijo: “mi madre lo inspiró espiritual y gastronómicamente”. ¡Palabras sabias!
En las guerras, las mujeres son el blanco de los soldados. En la República Democrática del Congo, en una aldea, 200 mujeres fueron violadas por los soldados en una noche. Así contó el ginecólogo, Denis Mukwege, cuando llegó a Estocolmo para recibir el Premio Derecho a la Vida. Mukwege es Director y fundador del Hospital Panzi, en donde trabaja curando a esas víctimas. La violencia de género no es solamente física. Muchos hombres no aceptan que sus mujeres sean más capaces que ellos intelectualmente. Difícilmente aceptan que sus mujeres tengan mejores trabajos y ganen mejor que ellos. La envidia profesional carcome sus vísceras en silencio. Y su frustración y mediocridad, la sacan a relucir con insultos verbales a sus mujeres. Insultos infundados. Sin lugar a dudas, que este tipo de hombres son débiles y cobardes.

Todavía queda mucho por hacer por las mujeres, y los hombres que apuntan al desarrollo de la humanidad, tenemos que aportar con nuestro granito de arena. Sin las mujeres, nosotros los hombres, no estaríamos transitando por este mundo. Sin las mujeres, la familia no existiría. Son ellas las que inspiran al poeta, al escritor, al escultor y al artista en general.
                           ¡Viva el 8 de marzo! ¡Vivan todas las mujeres del mundo!

(c) Javier Claure C.
Estocolmo

Javier Claure C. es un escritor boliviano radicado en Suecia


domingo, 2 de marzo de 2014

Adolfo Bioy Casares cumple cien años por Harold Alvarado Tenorio

                           tapa del libro La invención de Morel - Adolfo Bioy Casares -
Editorial Emecé
foto y archivo: Araceli Otamendi 


(Bogotá) Harold Alvarado Tenorio

A La invención de Morel (1940), la primera de sus novelas, debe Adolfo Bioy Casares (Buenos Aires, 1914-1999) buena parte de su prestigio. Es una especie de diario llevado por un fugitivo «venezolano», que evadiendo la persecución policial encuentra refugio en una isla, aparentemente desierta, en medio del océano. Pronto descubre unos extraños edificios (un museo de tres pisos con una torre, donde hay una biblioteca; una capilla oblonga y una piscina, de piedra sin pulir) habitados por gentes que ignoran su presencia y bajo, inusuales circunstancias, parecen tomar parte en un ritual de intrigas y convencionales rutinas sociales. El fugitivo se enamora de una de esas figuras pero finalmente descubre, luego de un peregrinaje donde ve el fenómeno fantástico de dos soles y dos lunas, que no son seres humanos sino imágenes proyectadas por la compleja máquina de Morel, que regulada por la marea, suministra energía a los motores para producir fluido eléctrico, y crea las figuras. La máquina tiene tres partes: la primera registra, la segunda graba y la tercera proyecta. Las personas desaparecen al desconectarse el aparato. También descubre que Morel ha construido una suerte de paraíso circular donde las acciones y los gestos de las figuras se repiten con la inexorable periodicidad de los cambios lunares. Pero antes de llegar a esta conclusión, la imaginación del protagonista se puebla de sospechas y conjeturas que consigna en el diario que leemos tras su muerte. Todo ello provee de suspenso y de una peculiar atmósfera surrealista a la historia.
Esta novela fue durante la vida de Borges uno de los hitos latinoamericanos de la literatura llamada de ciencia ficción. El tema de la inmortalidad está en el origen de La invención de Morel. La fascinación de Bioy Casares por los espejos y el recuerdo de La isla del Dr. Moreau de H. G. Wells y El castillo en los Cárpatos de Julio Verne, donde un científico crea «homunculi» y usa técnicas especiales para reproducir figuras humanas, son otras de sus arqueologías.
Bioy pasó su infancia entre la estancia de su padre en la provincia de Buenos Aires y la mansión de la familia en la capital. Durante los estudios de bachillerato se interesó por las matemáticas pero nunca abandonó su interés por la literatura. Terminó su primera obra en 1928, un cuento fantástico y policial y al año siguiente publicó su primer libro de cuentos. Fue para ese entonces cuando descubrió la novela española del diecinueve, la Biblia, la Comedia de Dante, el Ulises de Joyce y los clásicos argentinos, las novelas desechables y las tiras cómicas. Como la mayoría de los jóvenes argentinos de clase alta de su tiempo, se inscribió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires pero al no encontrar éxito alguno en sus estudios se cambió a Filosofía y Letras, pero no llevó a término carrera universitaria alguna y prefirió administrar la estancia de su padre. En 1932, gracias a los buenos oficios de Victoria Ocampo, conoció a Jorge Luis Borges, iniciando así una de las amistades y alianzas literarias más ventajosas del siglo. Borges logró convencer a Bioy que la actividad literaria excluye a las otras. Crearon una casa editorial llamada Destiempo y fracasaron. Durante estos años iniciales de amistad, Bioy leyó con avidez bajo la tutela de Borges a todos aquellos autores que este último consideró, entre otros, los más importantes para el desarrollo de una personalidad literaria: Johnson, Gibbon, De Quincey, Butler, Stevenson, Kipling, Wells, Conrad, Proust, Hawthorne, James y Kafka. Bioy rechazó sus primeros libros pues para él su carrera literaria comenzó con la La invención de Morel que ganó el Premio Municipal y fue inmediatamente traducida al italiano y el francés en una época donde los libros latinoamericanos eran raramente tenidos en cuenta en Europa. Ese mismo año publicó junto a Borges y Silvina la prestigiosa Antología de la literatura fantástica y harían aparición H. Bustos Domecq, autor de Seis problemas para Don Isidro Parodi (1942) y Dos fantasías memorables (1946) y B. Suárez Lynch, autor de Un modelo para la muerte (1946). En 1945 publicó Plan de evasión y aceptó codirigir con Borges una colección de novelas policiacas inglesas. Al año siguiente Silvina y Bioy entregaron al público una novela detectivesca, Los que aman, odian, y en 1948 uno de los libros de cuentos de Bioy que mejor suerte ha tenido, La trama celeste, en el cual el propio autor dice haber encontrado por vez primera su real voz de narrador
Bioy publicó una media docena de novela y otros tantos libros de cuentos, pero es quizás, en un libro póstumo, titulado meramente Borges,  donde descansará su eternidad.

Como se sabe JLB murió en Ginebra el 14 de Junio de 1986. Veinte años después, una editorial argentina puso en circulación un obeso volumen de 1700 páginas, cuyo autor, gastó los dos últimos años de su vida en la puesta a punto del quizás, mejor retrato, intimo, de uno de los más grandes hombres que haya existido jamás. Un ciego de Buenos Aires, una ciudad eterna como el agua y el aire.
El libro cubre los años entre 1931 y 1989, pero los primeros quince resultan compendiados en una decena de páginas. Años del encuentro, de la redacción conjunta de su primer trabajo: un opúsculo sobre la cuajada; de la fundación de sus efímeras revistas y editoriales, del matrimonio de Bioy y Silvina Ocampo. Un diario, redactado noche tras noche, durante los cuarenta años cuando Borges cenó, varias veces por semana, luego de las extensa sobremesas, la redacción constante de notas para solapas de libros y de narraciones, guiones para filmes y versos de ocasión, donde Adolfito hace el papel  de James Boswell (1740-1795), ante un adorado Samuel Doctor Johnson (1709-1784), ejercido por Borges. Un vademécum para quien quiera saber de la vida de un grupo de porteños, tan geniales y chismosos, como la belleza de las mujeres que les acompañaron y los tiempos oscuros, que como a todos en todos los tiempos, nos ha tocado en suerte.
Es el chisme quien da cuerpo a todo el volumen. Bioy no se cansa de anotar que Borges viene a cenar, dejando por sentado que comía prácticamente de su bolsillo. Es asombroso certificar la incansable voluntad de Bioy por no dejar pasar detalle de lo que Borges le cuenta, le comenta, le trasmite en llamadas telefónicas, sobre el extenso círculo de amistades del rico heredero de La Martona, la más grande procesadora de lácteos de Buenos Aires a mediados del siglo pasado. Un círculo de amistades que presidía otra rica heredera, su cuñada, Victoria Ocampo, otra de las argentinas más celebres, no por su belleza sino por su inteligencia y sus contribuciones a la literatura de nuestra lengua, directora de la revista y la editorial Sur, amiga de Ortega y Gasset, Neruda, Lorca, Tagore, Camus, etc.
ABC hace del chisme, de su más desnudo ejercicio, la cicuta que nos va envenenado en la lectura de sus recuerdos de Borges. Ni la amistad, ni la prudencia y el respeto a las damas e iguales impiden, que con pasmosa ingenuidad y propósito, Bioy vaya registrando la frase ingeniosa o hiriente, la parcialidad de juicio, la tozudez contra quien se malquiere o se odia, la misoginia, el racismo, los complejos de superioridad argentinos, el anti peronismo, el anti comunismo y el escepticismo tanto suyo como de Borges, a medida que van creando una obra hecha de mutilaciones, modificaciones, suplantaciones y falacias cuyo propósito es la creación, tanto en carne como espíritu, -de eso es testimonio este libro, de una fábrica inmortal de palabras.
Porque nadie se salva en este extenso escrutinio y saqueo del mundo, donde Borges y Bioy = Biorges, diseccionan pasajes, examinan estrofas y rimas de un verso, impugnan locuciones, festejan sonoridades, ríen de la aspereza y la ausencia de buen gusto de un autor, o rescriben poemas por el mero gusto de ejercer el oficio que mejor conocen: escribir.
El Fausto, de Goethe, “¿No te parece –dice Borges, es el mayor bluff de la literatura?”. Shakespeare es “the divine amateur”, siempre usa el “mot injuste”; el surrealismo, “contrariamente a otras ideologías invasoras de lo literario, el catolicismo y el comunismo, prescinde del propósito de lograr obras legibles”; los poemas de Alejandra Pizarnik son “absurdas cacografías”; a Ezra Pound “lo consideran el il miglior fabbro, pero nadie lo lee”;  “Thomas Mann era un idiota”; “Le dieron el Premio Nobel a Juan Ramón JiménezPrimero Gabriela Mistral, ahora Juan Ramón. Son mejores para inventar la dinamita, que para dar premiosGabriela Mistral no ha escrito un poema bastante buenoLos premios no ayudan, en la posteridad a nadie…”; “¿Qué puede saber de nada un bruto como Hegel?”; (Oliverio Girando) “su obra no es nada”… “Fue un peronista inmundo”; “Neruda gusta porque a veces es cursi sin asco”; “Lorca escribió poemas horribles”;  “Ya me habían dicho que los músicos no tenían oído. Piazzolla no sabe leer los versos”; “Sábato también desaparecerá, sin dejar rastro, después de la muerte”;  “Si comparás la muerte de Sócrates y la de Cristo no hay duda de que Sócrates era el más grande de los dos. Sócrates era un caballero y Cristo un político, que buscaba la compasión [...]”.
Y si el chisme es el hueso, la maledicencia es la médula que amarra esta amistad y la hace compadrazgo. Si Borges es un facón de hielo, Bioy es la perfidia misma y ambos son tóxicos y mortíferos. Bioy, entre líneas, va dejando sentado que Borges tiene una puritana antipatía por los temas amorosos y la incomodidad que siente ante las alusiones literarias a la vida sexual, justificando muchas veces que lo erótico es inferior a lo épico. Pero la cúspide de las insidias se alcanza cuando hacen referencia a las mujeres que les han interesado sentimentalmente. De Haydée Lange, la bella pelirroja libertina que fue una de sus (JLB) pasiones de madurez, quien le dejó por Oliverio Girondo y con la complicidad de Lorca hizo el amor una noche en una terraza con Neruda, dice que “vive idiotizada por el alcohol”; Estela Canto, a quien dedicó El Aleph y regaló el manuscrito que luego ella vendería en una subasta pública y que escribiera un libro sobre su relación con Borges, la considera “este pilar de la rectitud”; Silvina Bullrich es una “gorda raviolera del barrio de Flores”; Susana Soca, una mecenas uruguaya es “una opa” y otro tanto de colores locales por las rivalidades y envidias entre las bellas y elegantísimas para Susana Bombal, Carmen Gándara, las hermanas Grondona, Wally Zenner, Marta Mosquera, Esther Zemboráin de Torres o Pipina Dile y Elvira de Alvear, a quien en su postrera locura y pobreza, Borges visita infaltable cada fin de año.
Acaso el personaje inolvidable entre estas señoras del gran mundo porteño sea Bibiloni de Bullrich, retratada por Bioy a partir de las consejas de Borges con sus intrépidas confidencias, neologismos audaces, e imprevistas intervenciones cursis y lamentables. “Así como a usted le interesa conocer poetas y escritores, -dice a Borges, a mí me interesa conocer gente rica”; al salir de un recital de danza moderna exclama: “yo prefiero los otros bailes, con orquesta y con personas conocidas que la sacan a una a bailar"; en medio de una comida sostiene: “Soy tan inteligente, tan genial que a veces no me pueden comprender”; “A mí no me gustan pero soy tan inteligente que he descubierto que conviene estar bien con los peronistas”, etc.
Capítulo aparte merece el primer matrimonio de Borges, cuando a los 68 años, decide casarse, ante la posible desaparición de su madre, con una vieja novia de juventud: Elsa Astete Millán viuda de Albarracín, un ser de otro mundo, menos del borgiano. “Pongo mi destino en manos de una desconocida”, dice Borges. “No se parece a las que él nos tiene acostumbrados –confía doña Leonor Acevedo a Bioy-. Yo me quedo tranquila: creo que lo va a cuidar. Ya no es joven. Fue linda: ahora, ya la verás... Pero él no ve. Para él sigue siendo la de antes.” “Vieja, -anota Bioy- de piel grisácea; en actitud de sierva enamorada, postrada de admiración ante el ídolo potencialmente díscolo [...]; resuelta a rodear al hombre de cuidados domésticos y a persuadirlo de los encantos hogareños; proclive a tomar ofensa y a ofuscarse por celos; desconfiada; querendona, cariñosa y optimista; expresiva y dada al mohín”. Y más adelante los celos de Elsa con sus amigos, sus viajes, sus homenajes, mientras el viejo y ciego poeta cada vez más rico va comprándole vestidos, abrigos de piel, apartamentos, o zapatos de segunda mano.
Al final, por supuesto, llega el turno a María Kodama, con quien casó por poder 45 días antes de morir. Bioy guarda la más estricta prudencia sobre ella, quizás para no ofender la memoria de su amigo y maestro. Y anota: “Borges me dijo que para morir da lo mismo un sitio que otro. Y qué lujo: tener un amor, y aun mal de amores a los ochenta y tantos". Sin embargo: "María es una mujer de idiosincrasia extraña; acusaba a Borges por cualquier motivo; lo castigaba con silencios (recuérdese que estaba ciego); lo celaba (se ponía furiosa ante la devoción de los admiradores). Junto a ella vivía temiendo enojarla".
Bioy Casares confesó que para él la vida y la literatura eran la misma cosa, que adeudaba tanto a los libros como a su intensa existencia. Su novela predilecta fue Dormir al sol. Creyó, además, que el cuento terminará derrotando a la novela pues éste puede tener todas las virtudes de aquella, sin sus defectos, principalmente, su extensión.
Aquel 14 de Junio de 1986, un desconocido, en un quiosco de periódicos, cerca de La Biela, contó a Bioy que Borges había muerto.  “Seguí mi camino, anota Bioy. Fui a otro de Callao y Quintana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges.” Antes de morir, apunta, alguien grabó a Borges cantando tangos: “Dicen que en esa grabación Borges ríe con la risa de siempre”.

El círculo del cielo mide mi gloria, 
las bibliotecas de Oriente se disputan mis versos, 
los emires me buscan para llenarme de oro la boca, 
los ángeles ya saben de memoria mi último zéjel. 
Mis instrumentos de trabajo son la humillación y la angustia, 
ojalá yo hubiera nacido muerto.

Abulcásim el Hadramí


(c) Harold Alvarado Tenorio
Bogotá
Colombia

www.diatribasdeumbertocobo.com/
www.arquitrave.com/
www.antologiacriticadelapoesiacolombiana.com/
www.haroldalvaradotenorio.com

sábado, 1 de marzo de 2014

¿Los zapatos de Van Gogh o los zapatos de Warhol? por Claudia Susana Díaz



(Buenos Aires) Claudia Susana Díaz

¿Los zapatos de Van Gogh o los zapatos de Warhol?
Posmodernismo
Una mirada estética


Las teorías más conocidas de Fredric Jameson (1934, Cleveland; crítico y teórico literario de ideología marxista) sobre la posmodernidad son: el pastiche y la crisis de la historicidad. Sobre el primero hace referencia a que “los productores de cultura del presente no tienen a dónde volverse sino al pasado: la imitación de los estilos muertos”. En cuanto a la historicidad alude a un debilitamiento de ella, ignorando las diferencias de los períodos históricos para fundirlos en una homogeneidad y una delimitación tajante. Hay una sensación del fin de las ideologías, de las artes, de las clases sociales. Ya no hay barreras entre la alta cultura y la cultura comercial o cultura de masas.
La fusión posmodernista de todos los discursos en un conjunto indiferenciado fue el resultado de la colonización de la esfera cultural, que había mantenido al menos una autonomía parcial durante la época modernista previa, por un capitalismo empresarial de reciente creación. La superficialidad intencionada, el fin del sujeto, un pasado que solo se deja recuperar en términos estéticos, como mera representación, son aspectos muy valiosos para rescatar de sus teorías.
Vale aclarar, como también lo hace Jameson en su ensayo, que la producción cultural en nuestros días no es enteramente posmoderna. Se dan en confluencia en nuestro presente una gran gama de productos culturales, los cuales no responden necesariamente todos a una estética posmoderna. De ahí que habla de una nueva cultura de la imagen y el simulacro.
En relación con sus teorías va a hacer un análisis de Botas de Campesino, de Van Gogh y Zapatos de polvo de diamante, de Warhol. Ambas obras dan cuenta de una primera diferencia entre un arte modernista y esta nueva estética que hemos llamado posmodernista. La aparición de un nuevo tipo de ausencia de profundidad, un nuevo tipo de superficialidad, condice con la aparición de un nuevo “sujeto” como objeto de arte. La pretensión de Zapatos de polvo de diamante no está relacionada con el fin hermenéutico de la obra de Van Gogh. Está relacionada con la exhibición de un objeto que no procura otro tipo de significación que el hecho de estar sobre la tela. Los zapatos de Van Gogh tienen orientaciones históricas, referencias a un pasado obrero y campesino. Los zapatos de Warhol, en cambio, son nuevos, coloridos, imposibles de datar, imposible saber algo acerca de sus dueños. Los zapatos de Warhol no son en absoluto banales porque reflejen un mundo banal, sino justamente porque son el resultado de la ausencia de toda pretensión del sujeto de interpretar el mundo; son el resultado de la elevación de la imagen a la figuración pura sin la más mínima transfiguración. Ya no se trata entonces de una trascendencia, sino de la subida al poder del signo, que al perder toda significación natural, resplandece en el vacío de su luz artificial. Es una imagen sin cualidad, sin presencia, sin deseo.
Según la mirada de Martín Heidegger, el creador o imitador de la naturaleza, en este caso Van Gogh, dignifica los objetos para extraer de ellos todo su valor como formas. Heidegger analiza también los zapatos de Van Gogh: un par de botas viejas, desgastadas, malolientes. No es algo precisamente bello, pero el artista vierte su mirada estética para devenir un simple par de botas en obra de arte.
Ambas obras son arte. Cada una responde al contexto en el cual fueron producidas, ambas con intencionalidades diferentes: las botas nos remiten al mundo esforzado del labriego, hay un individuo detrás, una historia; la otra nos enfrenta a un mundo de consumo, sin pasado, sin una presencia, están allí, brillando pero de manera artificial.

(c) Claudia Susana Díaz

Buenos Aires 

Claudia Susana Díaz es Licenciada en Artes Visuales

Bibliografía

Heidegger, Martín, Arte y poesía, México, Editorial Fondo de Cultura Económica, 1958.
Jameson, Fredric, El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío, Ediciones Paidós Ibérica, 1991.

Datos de las obras
Un par de botas, Vincent Van Gogh, 1886. Óleo sobre lienzo. 37,5 x 45 cm. Museo Van Gogh, Ámsterdam.
Zapatos de polvo de diamante, Andy Warhol, 1980. Pintura de polímero sintético, polvo de diamantes y tinta de impresión serigráfica sobre lienzo. 228,6 x 178 cm

texto e imágenes enviados por Claudia Susana Díaz para su publicación en la revista Archivos del Sur