sábado, 31 de enero de 2015

Carlos Decker Molina presentó libro de Javier Claure C.

Javier Claure junto a Carlos Decker Molina
Javier Claure rodeado de amigas y amigos



 


Javier Claure rodeado de familiares



Javier Claure leyendo su poesía

























tapa del libro Réquiem por un mundo desfallecido

(Buenos Aires)

El periodista Carlos Decker Molina presentó el 6 de diciembre pasado el libro de poemas del escritor boliviano radicado en Suecia Javier Claure C., en Estocolmo. A continuación se publica el discurso que Decker Molina pronunció en la presentación del poemario:
"Réquiem por un mundo desfallecido". El acto tuvo lugar en Asociación para la Educación de los Trabajadores (ABF) de Estocolmo.

Discurso de Carlos Decker Molina:
"Amigas, amigos y público presente:

Javier me ha encomendado una tarea muy especial: comentar su libro de poemas titulado "Réquiem por un mundo desfallecido". El réquiem es la oración para los difuntos. Es, en realidad, una obra musical. Es decir, los poemas de Javier son una misa por un mundo que ha desaparecido, y como es poesía es una obra musical con tocatas, fugas, adagios, soles y bemoles de una sinfonía de palabras.
El poeta alemán, padre de la lírica, Friederich Hölderlin, dice que "hacer poesía es, de todas las tareas, la más inocente". No hay que olvidar que Hölderlin es un lírico y Javier no. Para él es decir para Javier puede ser que la poesía sea una tarea inocente, aunque me permito dudar, es más bien una tarea de artesano que esculpe palabra por palabra. El hombre (y con él, Javier) tiene en sus manos un peligroso legado: La palabra. Con ella se crea y se destruye. La palabra es además el testimonio de nuestra existencia. Es decir, el hombre es lo que es, gracias a la palabra. Con la palabra el hombre no solo constata su existencia sino que asume su inexistencia diciendo la palabra: muerte.


Imaginemos un mundo sin palabras. El resultado sería su inexistencia, lo que quiero decir es que nuestro mundo es real gracias a la palabra. Dónde hay un mundo hay una historia y como luz, a veces tenue, a veces radiante; de esa realidad está hecha la poesía. Establecidos los parámetros de la existencia vital de la palabra, encontramos que la poesía de Javier Claure son 22 maneras de existir y, sobre todo, de sentir. Sus 22 poemas carecen de explicaciones porque el amar o el odiar no necesitan explicarse, se sienten en cada línea de sus poemas.
Veamos esta línea: "Yo no llevo antifaz/ porque me gusta que vean la carne de mi rostro". O esta otra: " Yo fui el mensajero del huracán/ subía a los techos/ moraba en los cerros con botellas vacías/ cazaba arañas , sapos y lagartos/ frente a frente los formaba/ como soldados y universitarios/ listos para la pelea". Las palabras de Javier se convierten, de pronto, en ritos de rebeldía o en rabias versificadas. Sobre todo cuando la injusticia se le cruza en el camino de su literatura. En un poema dice:

Tío cocaysi cocayno /tú has visto saquear diamantes /y al pulpo bursátil /lo echaste a vagar por la copagira /a ti, te saludan /en idiomas originarios /te hablan de fútbol /y de las dictaduras militares /te ofrecen coca con las manos juntas /aguardiente, serpentinas /y mixtura subversiva /cientos de guardatojos /se mueven con vehemencia /como hierbas silvestres / rastreando tus riberas…
Vuelvo otra vez a la palabra como herramienta, medio o instrumento del labrador de vocablos. La palabra puede ser monólogo, pero también diálogo. El hombre del monólogo es el individuo de la multitud que se convierte en diálogo si sabe escuchar y transmitir. Para ello, el hombre debe detener el tiempo para fundar el pasado, el presente y el futuro. Cómo detener el tiempo sin la palabra hora. La palabra pone límite al infinito. Cuando la palabra se refiere a algo permanente nace el lenguaje, y ese lenguaje produce el parto de la poesía. En este caso a la poesía de Javier Claure. Según el prologuista del libro, escritor y amigo, Adolfo Cáceres Romero: "Javier no es retórico, al contrario, es directo y sensible en el entretejido de sus versos, de ahí que su palabra labrada con el llanto de palliris o la sonrisa del Tío de la mina - nos brota, confesional y enérgica, para concluir con su Adiós, que seguros, estamos no será definitivo, siempre que podamos leerlo". Personalmente estoy seguro que Javier nos seguirá brindando en el futuro más sinfonías de palabras esculpidas con el cincel de su maestría.".

texto y fotografías enviadas por Javier Claure C. para su publicación en la revista Archivos del Sur








viernes, 16 de enero de 2015

Discurso de Patrick Modiano ante la Academia Sueca por Javier Claure C.

Patrick Modiano hablando, en el salón de la Academia Sueca, ante un numeroso público.


Fachada de la Academia Sueca


Patrick Modiano hablando frente a la Academia Sueca


Patrick Modiano y su esposa Dominique Zehrfuss


(Estocolmo) Javier Claure C.

El siete de diciembre del año pasado a las 17:30, como de costumbre, el Premio Nobel de Literatura, Patrick Modiano, dio un contundente discurso en el salón de la Bolsa de la Academia Sueca. Llegué al lugar unos 30 minutos antes de la hora indicada, y no cabía un alfiler en la sala. La televisión sueca estaba lista para transmitir la ceremonia. Periodistas y fotógrafos, de todo el mundo, también esperaban con ansias al laureado. Se escuchaban voces, y algunos asistentes aprovechaban para sacar fotos al hermoso salón dorado con estatuas blancas y arañas de cristal que cuelgan desde un techo alto. De pronto se abrió una puerta lateral y el galardonado junto al secretario permanente de la Academia Sueca, Peter Englund, salieron a la sala. Los aplausos empezaron uno detrás de otro. Luego reinó un silencio absoluto en el recinto. Englund dio la bienvenida al laureado y dijo: "El olvido es un fenómeno complejo en la memoria. Necesitamos olvidar para inundar algunas cosas en la vida con lo cotidiano. Modiano describe en una de sus novelas una ventana iluminada que da la impresión de estar situada en otra vida, o que alguien está esperando un diálogo".

Modiano, que según la gente que lo conoce es extremadamente tímido, se dirigió hacia la tarima desde donde pronunció su disertación, en francés, frente a los miembros de la Academia. Empezó diciendo: "Quiero decirles que estoy muy contento de estar con ustedes. Estoy conmovido porque me han otorgado el Premio Nobel de Literatura. Es la primera vez que hablo ante un público tan numeroso, y estoy temblando un poco. Quizá uno piensa que esta tarea es fácil para un novelista como yo. Pero si se utiliza estrictamente la distinción entre la palabra escrita y la palabra oral, entonces podemos decir que un novelista tiene más talento para la palabra escrita... ". El público seguía el discurso leyendo el compendio que habían repartido al principio. Modiano habló, entre otras cosas, de su niñez, de la importancia de la historia y de París cuando fue ocupado por los nazis. Y afirmó: "en aquellos tiempos París era una ciudad desierta, sin mucha gente ni autos por las calles. No había libertad. Uno corría el riesgo de ser denunciado por su vecino, por hablar cosas indebidas. A menudo se practicaba las razias policiales de los nazis. Por ejemplo cuando uno iba saliendo de la estación del Metro. En ese París ocupado y tenebroso, surgían relaciones amorosas temporales y las parejas no estaban seguras de volver a verse". Es precisamente ese ambiente abrumador, de aquella temporada, que le ha perseguido para plasmarlo en algunos de sus libros.

Se considera "un niño de la guerra", porque como muchos otros niños, de esa época, nació de uno de esos romances. El novelista francés también habló de los misterios de la vida, de lo cotidiano y de esa luz que cada ser humano lleva en su universo interior. Considera que no se debe utilizar la fantasía para distorsionar la realidad. Dijo que escribir una novela es como manejar un coche en la oscuridad del invierno. El camino es resbaloso, la visibilidad es inexistente. Y el que escribe no tiene otra alternativa que seguir adelante. La neblina desaparece, poco a poco, y el camino se hace visible. Para Modiano, la neblina se convierte en iluminación que se refleja en sus libros, y el camino despejado lo condujo a buen puerto. Este autor de novelas como Dora Bruder, El lugar de la estrella, Un pedigrí, Villa triste; solo para citar algunas de sus obras, hablaba levantando la vista hacia el público de rato en rato. Se refirió a las cosas que le impresionaron cuando era niño y caminaba solo por las calles de París. O cuando dormía en la casa de sus amigos o familiares sin saber el por qué. Y añadió: "A un niño nada le sorprende, y las situaciones bizarras muchas veces le parecen normales". En este contexto hizo alusión al famoso director y productor de cine, Alfred Hitchcock, diciendo que cuando tenía 5 años, su padre le había mandado a la casa de su amigo, un policía, para que le entregase una carta. Apenas le entregó la misiva, el policía lo encerró en un cuarto durante muchas horas. El niño llorando, tremendamente asustado esperaba, hora tras hora, para que lo deje en libertad. Y cuando lo liberó le dijo: "Ahora sabes lo que te espera si te portas mal en la vida". Luego siguió su discurso, con voz firme, y recalcó que este incidente, probablemente, es el motor para que exista la psicosis y la tensión en sus películas. Todas las palabras, bien equilibradas, que salían de la boca del premiado; hipnotizaron al cuantioso público que se introdujo en los andares de Modiano. Es decir, en esa vida de un hombre que supo convertir sus vivencias, las relaciones familiares y entornos asfixiantes en un mosaico de palabras. En un momento determinado dijo: "No quiero aburrirles con mi propia historia, pero estoy seguro de que algunos episodios de mi vida, han funcionado como matrices para mis libros". Después de pronunciar estas palabras, Modiano se olvidó decir "gracias" para poner fin a su discurso. Y todo el mundo permaneció callado, durante medio minuto, mirándose unos a otros. Finalmente, Peter Englund, secretario de la Academia Sueca, se acercó a la tarima; le dio la mano con una sonrisa como señal de agradecimiento. Y nuevamente los aplausos rompieron el silencio de la sala.

(c) Javier Claure C.
Estocolmo

Javier Claure C. es un escritor boliviano radicado en Suecia

crédito de las fotografías: Javier Claure C.
texto y fotos enviadas por Javier Claure C. para su publicación en la revista Archivos del Sur