domingo, 20 de diciembre de 2015

Discurso de Svetlana Aleksijevitj - Premio Nobel de Literatura -en la Academia Sueca

Svetlana Aleksijevitj dando su discurso en la Academia Sueca (Estocolmo, Suecia)




Sara Danius (secretaria de la Academia Sueca) y Svetlana Aleksijevitj.


Libros de Svetlana Aleksijevitj





































(Estocolmo) Javier Claure C.


La ganadora del Premio Nobel de Literatura 2015, la escritora y periodista bielorusa Svetlana Aleksijevitj, dio su discurso el lunes 7 de este mes a las 17:30 (hora sueca). Era una tarde fría y oscura típica del invierno estocolmense, soplaba el viento algo fuerte. Y entre las callejuelas de la ciudad vieja alrededor del majestuoso edificio de la Bolsa, donde se encuentra la Academia Sueca, se percibía un ambiente navideño.

Llegué al local media hora antes para coger un buen puesto. A unos 30 metros del recinto habían dos vehiculos policiales. Me acerqué a la puerta de entrada, me identifiqué y subi las gradas hacia la guardarropía. Me saqué la chaqueta e inmediatamente me advirtieron que no podía entrar con el pequeño maletín de cuero que llevaba. Ya van muchísimos años que asisto a este solemne acto, y nunca ocurrió algo parecido anteriormente. En fin, saqué el contenido del maletín: mi cámara fotográfica, un cuaderno y un bolígrafo. Y me marché al famoso salón, en donde un nutrido público esperaba a la galardonada con el Premio. Me instalé en un lugar relativamente cerca de la tarima, ahí sentado conversaba con un amigo. De pronto entraron los miembros de la Academia Sueca, se sentaron en sus respectivas sillas y un silencio absoluto se apoderó del salón. Sara Danius, la flamante secretaria de la Academia, se dirigió hacia la tarima, y desde allí dijo: "Señoras y señores, bienvenidos a la Academia Sueca. Hace exactamente dos meses, en este salón, se reunieron muchos periodistas para saber quién iba a ganar el Premio Nobel de Literatura. Ese día cuando mencioné la palabra Bielorusia, muchos aplaudieron y exclamaron de felicidad. Deseaban saber más sobre Svetlana Aleksijevitj, y me preguntaban muchas cosas. Al cabo de casi tres horas, cuando terminó el acto, me di cuenta que esas preguntas involucraban, de alguna manera, al hombre rojo y a las subidas y caídas del hombre soviético. El imperio del hombre rojo se ha terminado. El gran experimento, que duró siete décadas, se fue al tacho. Y el hombre rojo se ha sustituido, gradualmente, con otro hombre que aún no sabemos como se llama. Aleksijevitj ha conversado con muchas personas para escuchar sus historias. Se trata de gente que no hubiera existido en la historia, si Aleksijevitj no hubiera escrito sobre ellos, sobre esas mujeres que lucharon en la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué sabíamos de ellas?". Y así continuó Danius durante unos 20 minutos. En realidad, me sorprendió un poco esa larga introducción, ya que los anteriores secretarios no hablaban más de 10 minutos.

Cuando Aleksijevitj tomó posición en el lugar indicado, empezó su discurso en ruso diciendo: "No estoy sola en esta tarima. A mi alrededor hay voces, cientos de voces que siempre están conmigo desde mi niñez. Yo vivía en una aldea y, a nosotros los niños, nos gustaba jugar, pero en las tardes nos jalaban como con un imán hacia los sillones donde estaban sentadas las viejas cansadas, y se reunían cerca de sus casas o cabañas. Ninguna de ellas tenía marido, padre o hermanos. No habían hombres en la aldea después de la guerra, me acuerdo bien".

El público trataba de seguirla leyendo el folleto que habían repartido al principio, pero me di cuenta que mucha gente eligió escuchar las palabras que salían de su boca. El discurso de Aleksijevitj estaba compuesto de diferentes partes: voces que narran historias, las experiencias y entrevistas que hizo entre los años 1980-1985 y 1989-1997.

La primera voz que se manifiesta es un soldado que, en plena guerra, pide la mano a una mujer que también luchaba en la guerra y que, en cierto modo, se había olvidado de ser mujer. Cuando conversa con su admirador le dice: "... primero tienes que hacerme mujer, regalarme flores, decirme palabras cariñosas y cuando toques las fibras de mi ser, haré coser un vestido de novia".

La segunda voz se trata de Chernóbil. Una mujer cuenta: "vivíamos cerca del reactor nuclear en Chernóbil, allí trabajaba como panadera. Mi esposo era bombero, y recién nos habíamos casado. Acostumbrabamos a pasear de la mano. Justo ese día que explotó el reactor, mi esposo estaba trabajano de turno en la estación de bomberos. Y cuando tocó la alarma, partieron allí los que estaban de turno. Se fueron en camisas y con ropa normal y corriente. Toda la noche trabajaron tratando de apagar el incendio. Y con esas dosis de radiactividad a la que fueron expuestos, no se puede sobrevivir. Al día siguiente por la mañana los enviaron, en avión, a Moscú. Yo viajé para visitarlo, y cuando estaba en el hospital me dijeron que se encontraba en una caja especial. Me preguntaron ¿Qué vas hacer allí? Lo amo, les dije. Ya no es una persona a la que se puede amar, me contestaron".

La tercera voz describe a un niño que mató a un alemán cuando tenía 10 años: "... aquel alemán estaba echado en el suelo herido. Me habían dicho que le quite la pistola. Entonces corrí hacia él, pero el alemán cogió la pistola con las dos manos y apuntó contra mi rostro. Pero no fue él, que alcanzó primero, fui yo. No me asusté de haberlo matado".

La escritora bielorusa habló de una manera contundente, y creo que ante sus palabras todos quedan consternados. Cuando por ejemplo dice: "´... he vivído en un país, en donde desde que eramos pequeños nos enseñaron a matar. Nos decían, el hombre existe para arder y para sacrificarse. Crecimos entre verdugos y víctimas. Nuestros padres vivían con temor, por eso no nos contaban todo. Hace 20 años depedimos al imperio rojo con maldiciones y lágrimas. Hoy tenemos una nueva generación que tiene otra visión del mundo, pero muchos jovenes leen nuevamente a Marx y a Lenin. No existe el imperio rojo, pero el hombre rojo aún está presente. Hay muchos idealistas y románticos. Hoy en día, a esos, se los llama: románticos de la esclavitud o esclavos de la utopía. La gente quiso establecer el reino de los cielos en la Tierra, el paraíso terrenal. Y al final sólo quedó un mar de sangre y millones de vidas destrozadas por nada".

Sin lugar a dudas que la autora de "La guerra no tiene nombre de mujer", ha sabido escuchar historias que le han perseguido durante 40 años. De ese modo se convirtió en la voz de los sin voces. Son precisamente esas voces clamorosas las que le sirvieron para incursionar en una literatura de no ficción, creando así un nuevo género literario. El sufrimiento, el desamor, la muerte, la lucha de los soldados y de las mujeres rusas en la Segunda Guerra Mundial, la exploción nuclear en Chernóbil, la guerra de Afganistán y las vivencias en el comunismo soviético son temáticas de mucha importancia en su obra. Svetlana Aleksijevitj es una mujer de mucho coraje, porque escribe y habla sobre acontecimientos que muchos desearían enterrarlos bajo mil metros. Después de haber conocido que el Premio Nobel de Literatura recayó en su persona, la entrevistaron en Minsk, capital de Bielorusia, en donde dijo: "... respeto el mundo ruso de la literatura y la ciencia, pero no el mundo ruso de Stalin y de Putin". Palabras de mucha valentía, tomando en cuenta el destino que sufrió la periodista rusa Anna Politkóvskaya. Como buena conocedora de la verdad, es una voz crítica ante los sistemas totalitarios. Quizá por eso fue acosada por el régimen del presidente bielorruso, Aleksander Lukashenko.También fue culpada por mostrar a la antigua Unión Soviética de una manera "poco heroica". Pero muy lejos de todo tipo de acusaciones, sus libros son de denuncia por encima del poder. Son libros que forman parte de un gran mural, en donde cada centímetro cuadrado está cubierto por historias verídicas que sacan lágrimas a cualquier ser humano.
(c) Javier Claure C.
Estocolmo

Javier Claure C. es un escritor boliviano radicado en Suecia
crónica y fotografías (c) Javier Claure C., enviadas por Javier Claure C. para su
publicación en la revista Archivos del Sur








viernes, 18 de diciembre de 2015

El hombre de Senegal - En el Día Mundial del Migrante

(Buenos Aires)



El otro día estaba en un bar y entró un hombre que vendía baratijas, pulseras, relojes, anillos. Era gordo y vestía una túnica larga de colores, el diseño parecía de África. Iba mesa por mesa a ofrecer las baratijas y fantasías. Cuando llegó a la mía le pregunté de dónde era y me dijo en perfecto idioma argentino, español pronunciado como el que se habla en el Río de la Plata: "de Senegal". Le pregunté cuántos años hacía que estaba aquí y me dijo: "diez años". Luego abrió una especie de caja y me mostró la cantidad de anillos, pulseras y relojes que vendía, además de amuletos de la suerte. Entonces le pedí que me recomendara uno de estos últimos para la suerte y para contrarrestar la "mala onda". Enseguida me ofreció algo parecido a un ojo de color celeste, y una pulsera de colores.
Le pregunté entonces por el precio y me dijo: "cincuenta mangos", es decir hablaba en lunfardo, usaba la palabra "mangos" en vez de pesos. Después le pregunté el precio de un reloj y me contestó: "ese cuesta ciento cincuenta mangos". Pensé qué fácil se aprende el idioma coloquial cuando alguien vive varios años en un país y se encuentra obligado a hablarlo para desarrollar su vida.
Le compré al hombre de Senegal una pulsera, que después regalé y un amuleto para la suerte.. Cada vez que lo uso me pregunto cómo será el lugar del que venía ese hombre, cómo sería su vida antes de llegar aquí, y me acuerdo de la palabra "mangos", palabra tan usada en los tangos que aun se cantan y que algunos turistas se fascinan al escuchar.

(c) Araceli Otamendi

sábado, 5 de diciembre de 2015

La Biblioteca Nobel de Estocolmo por Javier Claure C.


Biblioteca Nobel, Estocolmo, Suecia


mesa donde se exhiben los nuevos libros adquiridos, Biblioteca
Nobel, Estocolmo, Suecia


recepción de la Biblioteca Nobel, Estocolmo, Suecia


Gabriel García Márquez Premio Nobel de
Literatura 1982, Biblioteca Nobel,
Estocolmo, Suecia



















(Estocolmo) Javier Claure C.

La Biblioteca Nobel de la Academia Sueca se fundó en 1901, en los locales de la Confederación de Sindicatos Suecos (LO). Karl Warburg, fue el primer bibliotecario en establecer contactos con diferentes editoriales tanto a nivel nacional como internacional. Visitó las bibliotecas más grandes de Europa, y asistió al Congreso Mundial de Bibliotecas en Paris. Así pudo empaparse de ideas para mejorar la estructura de la Biblioteca en Estocolmo. Gracias a sus contactos se fueron adquiriendo libros, revistas literarias, enciclopedias, bibliografías, diccionarios etc. En 1902, para poner un ejemplo, se adquirió 1237 libros; de los cuales unos 100 eran obsequios de organizaciones. Cinco años más tarde se registraron 31000 libros 20 % en inglés, 15 % en francés, 9 % en ruso, 8 % en italiano, 0,7 % en portugues y 0,4 % en idiomas orientales. Los libros se catalogaban a mano y por idioma. Además, se creaban ficheros alfabéticos con una descripción minuciosa de cada libro. De esta manera se identificaba el material disponible. Con el paso del tiempo, la adquisición anual de libros y el material relacionado con la Biblioteca se incrementó considerablemente. Esta disposición cambió el espacio necesario y el recinto quedó muy pequeño. Quizá previniendo esta situación, en 1914, la Academia firmó un acuerdo, con la comuna de Estocolmo, para obtener un enorme local en el espléndido edificio de la Bolsa construido en el siglo XVII. Edificio que, además, alberga al Museo Nobel y la Sede de la Academia en pleno centro de Estocolmo en la ciudad vieja (Gamla Stan), y que fue inaugurado por el rey Gustavo III en 1776.

Desde el 1921 la Biblioteca Nobel, patrocinada por la Academia Sueca y la Fundación Nobel, se luce en el segundo piso de dicho inmueble. Visitar esta casa de estudios es como retroceder las agujas del reloj, pero al mismo tiempo es enterarse de muchas cosas que pasan en el mundo actual en cuanto a literatura se refiere. A medida que uno va subiendo por las gradas de piedra, se siente un olor a Nobel. Y cuando se llega a destino, a mano izquierda, está la oficina de Sara Danius, secretaria de la Academia. A un par de metros al frente se encuentra la Biblioteca Nobel. Una pequeña, pero muy acogedora recepción está al servicio del público. Y entre archivos, pequeños cajones y anaqueles se muestran revistas, investigaciones lingüísticas y literarias, periódicos, documentos, libros en diferentes idiomas y artículos sobre críticas lierarias. En uno de los costados, digamos como un corredor de unos 40 metros de largo y cinco metros de altura, se almacenan libros; y en la parte superior hay fotos de todas las personas que han recibido el Premio Nobel de Literatura. También existe una sala con una mesa larga en donde se exiben flamantes libros recién adquiridos. Hoy por hoy, todos los libros están catalogados en forma digital, pero muchos artículos están registrados en ficheros.

Los miembros de la Academia suelen reunirse, cada jueves por la tarde, en un cuarto privado para hablar, quizá, sobre las obras de escritores candidatos al Premio Nobel. En este grupo de gente se domina 12 idiomas, y muchos de ellos leen obras en el idioma original. En resumidas cuentas, la Biblioteca reune literatura de todos los rincones del mundo y se ha especializado en literatura moderna. Actualmente disponde de 200 000 volúmenes, y en este sentido es la más grande entre los países nórdicos. El principal objetivo es proveer a la Academia, de forma imparcial, con todo el material necesario para la elección del Premio Nobel de Literatura de cada año. Pero también es una Biblioteca que proporciona material a investigadores, a estudiantes y a otras Bibliotecas dentro de Suecia o de Europa.
(c) Javier Claure C.
Estocolmo

texto y fotografías (c) Javier Claure C. para su publicación en la revista Archivos
del Sur

Javier Claure C. es un escritor boliviano radicado en Suecia


martes, 1 de diciembre de 2015

Bolivia y Suecia se fusionan en la novela "Tomasa" por Javier Claure C.


(de izquierda a derecha: Erik Oller Westerberg, Håkan Forsberg y Carlos Decker Molina).


(Estocolmo) Javier Claure C.

A finales de octubre pasado , Carlos Decker Molina, periodista y escritor boliviano habló, de su última novela "Tomasa", en el Instituto Cervantes de Estocolmo. Håkan Forsberg y Erik Oller Westerberg, periodistas también, participaron en el panel de discusión. La novela fue elegida finalista en el Premio Internacional de Novela Kipus 2014, organizado por el Grupo Editorial "Kipus" de la ciudad de Cochabamba (Bolivia).

A grandes rasgos, se trata de una novela con un profundo contenido social que se desarrolla, principalmente, entre Suecia y Bolivia. Gualberto Paniagua Mamani, el protagonista de la novela, es un boliviano de origen campesino que llega a Suecia como refugiado político. Había sido perseguido y torturado en su país de origen. Con el pasar del tiempo estudia, y logra recibirse como ingeniero cibernético. Es divorciado, vive en un ático en el centro de Estocolmo pero los fantasmas que le persiguen, de Bolivia y los de Suecia, hacen un cortocircuito; y cae en una depresión abismal. Además, atraviesa una crisis de identidad. No sabe quién es él mismo, y en sus pesadillas, a menudo, ve a su madre e intenta hablar con ella. Un buen día recibe una llamada de Bolivia de un tal Fidel, quién le comunica ser hermano suyo. Gualberto queda atónito por la noticia y se suma un fantasma más en su vida. Luego pide a su amigo sueco periodista que viaje a Bolivia en busca de su madre, y para averiguar quién es ese supuesto hermano Fidel. Así lo hace, y llega a una Bolivia en donde el partido de Evo Morales, Movimiento al Socialismo (MAS), está en plena campaña electoral.

Decker Molina respondió a preguntas en torno a esta historia. Manifestó que es una novela sobre el exilio que tiene una transpolación a la reciente historia boliviana. Y esta realidad sirvió como una metáfora para los personajes que circulan por las páginas de su libro. Respondiendo a la pregunta sobre el proceso de integración en Suecia, dijo: "para mi la integración es un viaje de ida y vuelta. Es decir, uno puede integrarse, si le permiten integrarse, y permitir integrarse es conocer el idioma, conocer un poco la literatura, la música y las tradiciones del país acogedor". Y para clarificar esta idea, se valió de una metáfora, con un vaso de agua y un terrón de azúcar, utilizada por el sociólogo norteamericano Norman Denzin que hace una diferencia entre lo que es la integración y la asimilación. La asimilación, dice Denzin, es tirar el terrón de azúcar en el vaso de agua, el azúcar desaparece y el agua se endulza un poco. Esa es la asimilación. Muchos extranjeros en Suecia, a quienes yo respeto mucho, se han asimilado, incluso olvidándose su lengua materna. En tanto que la integración es la conservación de diferentes sabores en un mismo vaso. Vamos a poner un ejemplo: en el cubalibre tenemos la Coca-Cola, tenemos el ron y unas gotas de limón. Y cuando uno bebe un cubalibre siente todos los sabores. Eso es la integración.

En la novela existen algunas mujeres que, de una u otra manera; a veces implícitamente, tratan de ayudar al problema existencial de Gualberto. Cuando Decker Molina se refiere a las mujeres de su novela; enaltece, en general, el rol de la mujer en la sociedad. La mujer es la figura de la fortaleza. Además, mis mujeres en la novela ocupan un papel importante. La mujer es la primera que se integra en el exilio, es la primera que comprende que hay que aprender el idioma, es la primera que comprende que hay que salir a trabajar y que este país te brinda oportunidades. La mujer es más práctica. A veces las mujeres eran las que determinaban los quiebres. El hombre, en cambio, es igual que el personaje de Bertolt Brecht en el poema "Meditaciones sobre la duración del exilio": No pongas ningún clavo en la pared/ tira sobre una silla tu chaqueta/ ¿Vale la pena preocuparse para cuatro días?/ Mañana volverás/ No te molestes en regar el arbolito/ ¿Para qué vas a plantar otro árbol?/ Antes de que llegue a la altura de un escalón/ alegre partirás de aquí/ Cálate el gorro si te cruzas con gente/ ¿Para qué hojear una gramática extranjera?/ La noticia que te llame a tu casa/ vendrá escrita en idioma conocido... Eso era el hombre en el exilio, la mujer no.

El autor de "Tomasa" también hizo una comparación hipotética en ubicarlo a Gualberto en otro país. Por ejemplo en España o en México. Expresó que, en este caso, no hubiera sido la misma novela, porque las condiciones en España u otro país son diferentes a las de Suecia. Si Gualberto se hubiese desarrollado en un país de habla hispana, se hubiera comunicado con la gente con más facilidad que en Suecia. Seguramente no hubiera sido un número personal (cada persona en Suecia está registrada con un número personal), pero tampoco hubiera hecho una carrera; porque las ventajas que ofrece Suecia probablemente no existen en otros paises.

En fin, la novela es, sin duda alguna, una metáfora del exilio; en donde Gualberto traza la geometría de su destino en Suecia, infierno y paraíso, que lo acoge como refugiado político. Es profesional, lee los periódicos suecos, vive en un departamento céntrico, vota en las elecciones, nunca lanza piropos a las mujeres, no habla con desconocidos y solamente dice "hola" a sus vecinos. En realidad, Gualberto vive en soledad en medio de un mar de gente sin poder comunicarse como él quisiera, porque las estructuras de lo cotidiano le ponen un cerco. ¿De qué le sirve a Gualberto sus bienes materiales? cuando en el fondo no ha resuelto su propia identidad. ¿De qué le sirven sus amistades de trabajo? cuando solamente ellos, y la sociedad, lo identifican con un número personal: 53.08.02-9159, y ni siquiera lo visitan cuando cae enfermo, o caundo tiene tremendas depresiones y se hunde en su dolor. Camina por las calles de Estocolmo, como cualquier otro ciudadano, pero nadie sabe que en sus adentros, este extranjero educado en una universidad sueca, lleva la pesadumbre de su existir. Carga las cruces pesadas de su país de origen, pero también las cruces macizas de la experiencia dolorosa del exilio.

(c) Javier Claure C.
Estocolmo

Texto de la nota y fotografía enviados por Javier Claure C. para su

publicación en la revista Archivos del Sur
Javier Claure C. es un escritor boliviano radicado en Suecia

foto: (c) Javier Claure C.