miércoles, 19 de abril de 2017

Sor Juana Inés de la Cruz "El Ave Fénix de América" por Washington D. Gorosito Pérez




(México, D.F.) Washington Daniel Gorosito Pérez            

Sor Juana Inés de la Cruz "El Ave Fénix de América" murió el 17 de abril de 1695 y dejó todo a los pobres.
El hallazgo del testamento del sacerdote José de Lombeyda Ward  a inicios del 2011 en el Archivo General de la Nación mexicana, fechado el 15 de junio de 1695 en el cual se establece que Sor Juana Inés de la Cruz, dona su biblioteca para ser vendida con el objetivo de obtener recursos para ayudar a los más necesitados es un documento fundamental para entender la vida de la monja jerónima.
Un experto en la temática como lo es el Maestro en Letras Alfonso Soriano Valles, considera que este hallazgo no es menor, ya que hasta hace unos años la creencia era que la poetisa había sido obligada por al jerarquía católica a deshacerse de su bien más preciado,  su tesoro: su biblioteca.
Recordemos que la biblioteca de la también llamada “Décima Musa” ubicada en su celda de claustro llegó a superar los 4000 volúmenes y fue considerada la más grande del Virreinato de la Nueva España y de América Latina en su época.
Para Soriano Valles el documento confirma tanto la religiosidad de Sor Juana Inés de la Cruz, como su luminosa actividad intelectual.
Pero ¿por qué el padre José de Lombeyda Ward fue elegido como agente para la venta de sus libros? Se sabe que el sacerdote fue un amigo que acompañó a Sor Juana a lo largo de buena parte de su vida.
Lombeyda por ejemplo, cuando las Jerónimas la aceptaron como hermana profesa, fue uno de los otorgantes de la toma de hábito y bendición el día 8 de febrero de 1668 y un año después testificó en su testamento.
Este documento confirma lo que dos personalidades habían adelantado en sus obras sobre Sor Juana, Diego Calleja, un jesuita que fue el escritor de su primera biografía y el obispo Juan Ignacio de Castorena, quien es considerado el primer periodista de México.
Ambos intelectuales certifican que los donó para “enajenarse evangélicamente de sí misma” y “dar de limosna hasta su entendimiento en la venta de sus libros, su precio puso en el erario de los pobres, las benditas manos de su prelado, el esclarecido doctor don Franciscote Aguiar y Seijas, dignísimo arzobispo de México”, según testimonio del primero.
Según Valles, el padre Lombeyda entregaba el dinero proveniente de la venta al entonces arzobispo Aguiar y Seijas, para que éste hiciera las obras de caridad correspondientes. Pero Lombeyda murió en 1695, por lo que dispuso en su testamento que el arzobispo se quedara con lo que restaba.
En el verano de 1691 llovió incesantemente en el valle de México y Puebla; como consecuencia se perdieron las cosechas y la capital virreinal se inundó. La situación de emergencia se produjo al año siguiente, sin que el gobierno lograse mejorarla.
La problemática desembocó en una revuelta popular que estalló el domingo 8 de junio de 1692 la más grave que sufrió la ciudad de México durante todo el virreinato. La escasez duró hasta 1693 y afectó a todas las clases sociales sin excepción, aunque fue muy grande la mortandad entre los indígenas.
De ahí que Sor Juana o el “Fénix de América”como se le bautizara posteriormente debido a la importancia de su obra decidiera vender su biblioteca (“quita pesares”, como la llamaba), donar su tesoro para ayudar a los habitantes de más bajos recursos de la ciudad de México, esos tesoros que permitieron que en su claustro se transformara en ave de maravilloso plumaje que recorriera el mundo intelectual mirando muy por encima debido a su calidad intelectual, es mundo que estaba dominado por “cuervos”, aves negras que no daban espacio al vuelo de la creatividad femenina.
La separación de Juana y sus libros sin lugar a dudas debe haber sido la más difícil de su vida aunque seguramente fue superada por el don de gentes y amor al prójimo de la escritora.
A principios de 1695 una epidemia entró en San Jerónimo, y Sor Juana cuidando a sus hermanas, cayó enferma, enfermedad que la llevará a la muerte el 17 de abril de ese año, día que como dice el padre Calleja fue para ella “el principio de la eternidad”.
Al morir Sor Juana tenía 46 años. En el libro de profesiones del convento había escrito meses antes:

Aquí arriba se ha de anotar el día de mi muerte, mes año, suplico, por amor de Dios y de su Purísima Madre, a mis amadas hermanas las religiosas que son y en lo adelante fuesen, me encomienden a Dios, que he sido y soy la peor que ha habido. A todas pido perdón por amor de Dios y de su Madre:

                                                                               Yo, la peor del mundo:
                                                                                Juana Inés de la Cruz

                                     
(c) Washington Daniel Gorosito Pérez
México, D.F.

Washington Daniel Gorosito Pérez es un escritor y periodista de origen uruguayo radicado en México

sábado, 15 de abril de 2017

Maltrato animal por Rosario Valcárcel

Maiden con Livia


(Las Palmas de Gran Canaria) Rosario Valcárcel 

La primera vez que vi a Maiden, supe que no era "el gato con botas" que yo había conocido en mi niñez, ni el de Shrek y mucho menos el negro de Allan Poe. La primera vez que la vi me provocó la misma impresión de aquellas historias literarias de animales humanizados que, inventados por seres humanos, me desataban pánico. Miedo, el mismo que me originaba aquellos cuentos de ogros y brujerías de mi infancia, tanto que lo recuerdo como la única cosa que parecía proporcionarme desasosiego. 
Pero afortunadamente todo eso cambió con los años, y entre la gata y yo se fue creando un vínculo, que yo me atrevería a decir, amoroso. Maiden se dejaba acariciar, se acurrucaba junto a mis pies, se subía a mi falda, ronroneaba cuando yo le acariciaba con la yema de los dedos: el cuello, el lomo, la barriga. ¡Cuánto le gustaba! Me seguía por todos los rincones de la casa. Remilgada y caprichosa, apuraba el paso, se escondía y con sus garras hacía miles de diabluras. Pero poco a poco como un hada convertida en gatita nos fue conquistando. Se ganó el corazón de la familia. Y yo entendí el por qué en la antigüedad los adoraban como a dioses.  
De vez en cuando recuerdo cómo la conocí. Fue aquel día que al entrar en casa me encontré a la familia sentada en el cuarto de la tele, y entre ellos a una gata pequeñita, siamesa, mezcla con callejera, de pelaje blanco y negro y ojos azules. La mimaban mientras ella quería zafarse de los brazos de uno de mis hijos, ahora no recuerdo quién la sujetaba. Lo que si recuerdo es que el nombre se lo puso mi hijo Roberto. Y sin la menor compasión dije: 
-¡Saquen esta gata fuera de casa! ¡Aquí no la quiero!
-Pero alguien dijo: -¡Si la echamos se convertirá en felpudo del asfalto! La encontramos en la calle, abandonada, asustada. -¿Por qué no la dejamos hasta mañana? gritaron todos alarmados.     
Esa fue la excusa que me dieron para aplazar la despedida, y a mí al ver su mirada triste de animal asustado, me invadió un sentimiento de ternura y pena. Fue un error creer que al día siguiente ya no estaría con nosotros. No la quería entonces, pero cuanto la quise después. Con su andar suave y sus piruetas para cazar moscas, pájaros o cualquier cosa que se moviera, aportaba un aire entrañable a la casa. ¡Cuánto me gustaba! 
Pronto un repentino sentimiento nos unió, se convirtió en un miembro más de la familia con sus alegrías y sus tristezas, con su mirada velada por una lágrima que siempre le afloraba. El veterinario nos dijo que era un defecto de nacimiento. Con Maiden entendí ese amor que los ingleses sienten por las mascotas, entendí el respeto y la adoración de los egipcios por los gatos y perros. Por la figura de Anubis. 
Estos días los medios de comunicación han dado noticias espeluznantes sobre el maltrato animal, sobre peleas de perros, de gallos… Alarmante es el incremento de la violencia hacia los animales en nuestra sociedad, quizás porque en el hombre se dan cita los peores rasgos de la especie y cometen atrocidades que puede ser intencionada, maliciosa o irresponsable, me da igual, la definición. Lo único que es cierto es que el hombre es el único animal que ha alcanzado la fase suprema de la crueldad.
El problema es que el maltrato no deja de crecer. Sólo el Seprona realizó en 2016 más de 12.400 actuaciones, de situaciones de abandono, desnutrición, asesinato. Solo el hombre parece sentir gusto en maltratar, aniquilar, arrancar el alma a un ser vivo, sin más razón que el divertimento y la destrucción. Por eso, desde la más tierna infancia debemos transmitir a los niños educación y respeto. Entender que no son un juguete y que cuando llegan unas vacaciones no debemos abandonarlos. Concienciarnos  todos de que los animales son seres vivos, y no sólo los domésticos, también los salvajes que en otras épocas fueron libres. 
Afirma Erich Fromm que es difícil que una persona que es cruel hacia los animales, difícilmente cambie de actitud, seguirá siendo cruel con sus semejantes también. Por eso los pacifistas, animalistas debemos seguir luchando por la verdadera justicia.

(c) Rosario Valcárcel
Las Palmas de Gran Canaria
España 

texto y fotografía enviados y autorizados  por Rosario Valcárcel para su publicación en la revista Archivos del Sur, 

Blog-rosariovalcarcel.blogspot.com


martes, 11 de abril de 2017

Jerome Rothenberg: "el poeta es un chamán" por Washington D. Gorosito Pérez


(México, D.F.) Washington Daniel Gorosito Pérez

Hace unos días invitado por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) de México, el escritor estadounidense Jerome Rothenberg, uno de los poetas vivos más trascendentes de la literatura estadounidense, creador de la denominada etnopoética, presento su libro Testigo y Milagros traducido al español en una sala del Palacio de Bellas Artes.
En el evento externó que “la poesía aparece en muchos lugares: lugares viejos, nuevos, conocidos y desconocidos, en lugares comunes pero también en lugares marginales donde no se esperaría que hubiese poesía”.
Según Rothenberg, “podemos decir que la poesía siempre ha ocurrido y se produce de manera constante y permanente en el mundo, y aparece en todas partes, inclusive en las letras de las canciones (Creo lo dijo por su paisano Bob Dylan que acaba de obtener el Premio Nobel de Literatura), que son de alguna manera poesía del ser humano”.
Quien escribe poesía puede, con mayor o menor medida, dirigir su mente y su mirada hacia las posibilidades del futuro, teniendo siempre en cuenta lo que el pasado nos ha ofrecido, lo que nos ha arrojado el devenir del tiempo. El escritor, de más de 100 libros de diversos géneros literarios, expresó que algunos piensan que la poesía está alejada de la gente y que no refleja la violencia del mundo. “Eso se debe a que el temor y la tragedia no siempre entran en la poesía, no se dicen siempre que ocurren, pero sí creo que han ocupado un lugar importante y fundamental en ella.
“Puedo decir con toda certeza que la poesía siempre ha tenido un lugar en el mundo, aunque algunas veces diferimos del tipo de poesía que se produce. La poesía como yo la entiendo y como yo la conozco, es aquella que es capaz de cambiar la mente y el mundo de las personas que caen bajo su embrujo”.
Por eso considera que la poesía no tiene porqué excluir el presente (de violencia e injusticia) sino al contrario, y a pesar de que muchas veces puede parecer dispersa por ocuparse de muchos fenómenos humanos a la vez, creo que no debe relegar nunca el terror y los problemas a los que se enfrenta el mundo de hoy. Los problemas de injusticia siempre deben tener, también, un lugar en la poesía”.
Recordemos que la etnopoética de la que Rothenberg es creador, es una manera novedosa de observar la poesía en las culturas originarias, desarrollar performance a través de ellas y establecer un poco del aura ritual que las envuelve.
El poeta estadounidense aseveró que una de las tareas que ha desempeñado el poeta en la historia es la de ser un visionario. “y eso se deriva del hecho de que su trabajo tiene mucho que ver con el trabajo chamanístico; el chamán es alguien que ve visiones, que escucha voces, y aunque eso se lo atribuimos en la actualidad a los locos, creo que el poeta sí tiene algo de esa locura, si no, no sería poeta”.
Aunque consideró que “habría que hacer una distinción entre los visionarios y los profetas, pues con frecuencia los poetas son buenos visionarios, tienen buenas visiones, pero no funcionan como profetas porque sus profecías no siempre son tan buenas como lo quisiera el grueso de la gente”
“Mi voz tiene otras voces dentro”, ha dicho el poeta con referencia a lenguas de grupos étnicos de varias partes del mundo y que Rothenberg ha reunido en innumerables trabajos antológicos. Disfrutemos uno de sus poemas:

                                             POEMA SUEÑO  


Montado en el tranvía
a través de las calles de
Salamanca
después de la nueva parada del subterráneo
donde el montón de indios
emergen oscuros granos de maíz
todavía en mi puño
los muertos de Salamanca
elevan mi boca
llena
de canciones y llanto.

(c) Washington Daniel Gorosito Pérez
México, D.F.

Washington Daniel Gorosito Pérez es un escritor y periodista de origen uruguayo radicado en México.