sábado, 25 de febrero de 2017

Emilio Frugoni: poeta de las playas montevideanas por Washington D. Gorosito Pérez

(México, D.F.) Washington Daniel Gorosito Pérez

Una de las más hermosas tradiciones de la capital de la República Oriental del Uruguay, la hermosa Montevideo, año a año se vive el 8 de diciembre, día que marca en el calendario oriental el inicio de la temporada playera. El “Día de las playas” se celebra desde 1919 cuando se produjo la separación Estado e Iglesia y se cambiaron muchas fechas de orden católico por nombres laicos. De ahí que el día que se conmemoraba a la Virgen de la Inmaculada Concepción de María se transformó en el Día de las playas.

Montevideo tiene un aire de pereza.
Tendida cabe el río, sobre colinas gayas,
aburrida bosteza
hacia el espacio, por sus cinco playas.
¡Oh las graciosas playas de Montevideo!
Abren sus blancos brazos, como con el deseo
de estrechar todo el aire en sus arenas,
y el río les regala el cabrilleo
de sus aguas serenas.

Emilio Frugoni Queirolo en 1902, en “De lo más hondo”, elogia a la rivera montevideana, en uno de sus primeros poemarios impresos. El poeta Frugoni, nacido el 30 de marzo de 1880 será desdibujado injustamente debido a su brillante personalidad política. En 1910 será el primer Secretario General del Partido Socialista del Uruguay y también el primer diputado del mismo.
El también escritor y político uruguayo José Enrique Rodó, autor de Ariel (1900), obra con la que tuvo gran influencia entre los jóvenes intelectuales e idealistas latinoamericanos hasta 1940, comentó sobre el joven poeta Frugoni:
“Verdad de sentimiento, elegancia y delicadeza de expresión, manejo hábil es espontáneo del ritmo: tales son las condiciones que singularizan y realzan el talento de este nuevo poeta que es, en ese y otros conceptos, uno de los espíritus mejor dotados de su generación”.

Ramírez y Pocitos, y Carrasco y Malvín,
y Capurro, hospitales que curan el esplín.
En ellas tiende el Río de la Plata
sus sábanas de espuma para la conjunción
de sus aguas azules con la arena de plata
en que lento se acuesta el río, como un león.

El Profesor, el Decano de la Facultad de Derecho, el Abogado, el Sociólogo, el político, el diplomático, el hombre, el montevideano que supo interpretar con palabras a la ciudad que se rendía ante las aguas del río grande como mar.

Playas deliciosas que adoro y envidio,
sobre vuestro seno aventan su fastidio
voluptuosamente divinas ondinas,
¡oh playas divinas!

En 1966 se presentó a las elecciones nacionales, el poeta tenía 86 años. Escribió una carta titulada: “Carta sin sobre a los socialistas”. En ella entre otros comentarios escribió: “Me doy cuenta que afrontar una campaña electoral es además una aventura económica. Para contribuir a los gastos entregaré el único bien que puedo disponer, mi biblioteca, a fin de que sea vendida en la forma que se considere más conveniente, si es necesario en subasta pública”
Emilio Frugoni,  pasó de su juventud a la muerte, un 28 de agosto de 1969. El poeta no tuvo ancianidad: “Mi vejez es como el horizonte: se mantiene lejos de mí, retrocediendo a cada paso que doy en el camino de la vida”.
El filósofo uruguayo e historiador de las ideas Arturo Ardao dijo que Frugoni resultó ser, a la vez y con profunda unidad, hombre de ciencia, hombre de arte y hombre de acción”.

¡Playas, playas, playas! bocas sonrientes.
¡Playas, playas, playas! Brazos en que veo
meterse confiadas mil formas vivientes
que adivino o deseo
¡Playas, playas, playas de Montevideo…!

(c) Washington Daniel Gorosito Pérez
México, D.F.

Washington Daniel Gorosito Pérez es un escritor y periodista de origen uruguayo radicado en México

martes, 14 de febrero de 2017

Palabras con aroma a café por Javier Claure C.



(Estocolmo) Javier Claure C.

Es un día cualquiera de invierno. Afuera hace un frío del diablo, y el aire se siente como puñaladas en el rostro. Aún no son las cuatro de la tarde y está oscuro. Me encuentro en la cafetería de la Casa de la Cultura, en el segundo piso, en el corazón de Estocolmo. En realidad, no es una cafetería en el sentido estricto de la palabra porque además de ofrecer al público café, té, pasteles, tortas, jugos y postres; uno puede pedir también pastas ligeras, una sopa caliente, emparedados, vino y cerveza. Día tras día llega la gente a este lugar para beber o comer algo. También, como suele ser toda cafetería, es un punto de encuentro. Ese es mi caso. Vine aquí para encontrarme con Selamawit, una guapa eritreana  que la conozco desde hace varios años. Me llamó por teléfono, hace unos diez minutos, para comunicarme que lamentablemente no podía acudir a nuestra cita. Es enfermera y tiene que trabajar algunas horas extras. Las trabajadoras y los trabajadores de la salud están cada vez más insatisfechos por la cantidad de trabajo que pesa en sus hombros. Además, el sueldo que reciben no siempre es bien compensado. Según algunas estadísticas, la cantidad de enfermeros y enfermeras, que están a disposición, no es suficiente para cubrir las necesidades de hoy y del futuro. Me atrevo a decir que es un fenómeno a nivel mundial.
De todas maneras, pedí un café caliente con leche y un “wienerbröd”, un pastel de mil hojas con una crema en el centro. Me acomodé en una mesa pequeña, para dos personas, junto a una enorme ventana. Esto significa que tengo un hermoso panorama. A mi derecha hay varias mesas con manteles azules. Y más al fondo están los ascensores y unos cuadros que lucen como propaganda para las obras del “Stadsteater” (Teatro de la ciudad) que se encuentra un piso más abajo. Desde donde estoy sentado observo lo que comúnmente se llama “plattan”, un lugar en donde  a veces se hacen actos culturales, políticos, manifestaciones; pero al mismo tiempo es un lugar sospechoso porque pululan algunas personas del submundo. Y no es nada raro ver uno que otro coche policial aparcado en este sector. El piso es de baldosas blancas y negras. Desde arriba se ve como un tablero de ajedrez, pero en lugar de cuadrados hay triángulos. El tráfico está relativamente tranquilo, pues será porque están refaccionando las calles por esta zona. De pronto vi pasar un bus de dos pisos. En un lado decía: “Stockholm sightseeing”. Me imagino que, en este mes de diciembre, llegaron algunos turistas por estos lares. O quizá sean los galardonados con el Premio Nobel, y sus respectivas familias, que quieren ver Estocolmo “casi by night”.
Desde este lugar privilegiado observo a la gente que camina bien abrigada y con bolsas. Otros caminan escribiendo algún mensaje en su celular. Da la impresión que andan como sonámbulos, y que en cualquier momento pueden chocar con algo. A lo lejos diviso a un mendigo, uno de esos que han invadido Estocolmo. Está sentado envuelto con una manta que le cubre casi toda su cara. La cabeza la tiene un poco inclinada hacia abajo, las manos juntas frente a su corazón como si estuviera, en un templo, rezando a Cristo.
La torre de vidrio que normalmente suele estar iluminada, en estas épocas, pues ahora está muerta; rodeada con una lona en donde hay la siguiente escritura: 60000 prismas de vidrio, 16 toneladas de peso y construida hace 50 años. Y más al fondo se puede contemplar edificios bien iluminados, creo que son oficinas. Al costado derecho se ven letreros de tiendas comerciales como Mango, UR & Pen, Lindex, H & M etc.
En medio de la gente veo entrar a una señora alta con un maletín de cuero y un abrigo de piel, de esos que se venden en las tiendas de segunda mano. Camina sin observar el mostrador donde están los alimentos y bebidas; y se instala en una mesa, para dos personas, muy cerca de la mía. Se quita el abrigo, luce un jersey verde claro y un collar de oro que da brillo en su pecho. Saca un espejo de su bolsillo, lo coloca delante de su rostro, se pinta los ojos con un lápiz negro. Y se mira varias veces moviendo el espejo de izquierda a derecha como diciendo: espejito, espejito dime quién es la más bella en esta tarde. Luego extrae un pequeño ordenador de su maletín y lo enciende. Está un poco impaciente, mira alrededor una y otra vez. Supongo que no se ha dado cuenta que la estoy observando minuciosamente. De repente levanta la mano como señal de salutación, y otra mujer viene a su encuentro con una sonrisa en los labios. Piden algo para tomar y empiezan  a conversar. Una de ellas habla gesticulando con las manos, mientras la otra escucha escribiendo en el ordenador. En otra mesa hay un anciano agarrando una taza, varios minutos, cerca de su boca. Parece una estatua. Ese anciano, un día fue joven; quizá con muchos sueños, ilusiones y proyectos.
La tarde va cayendo entre la oscuridad. En el cristal de la ventana resbalan los copos de nieve, como el tiempo en la memoria colectiva. Me levanto de la silla, camino hacia las escaleras mecánicas. Y me doy cuenta que la sombra de mis pasos andan por mi delante.

(c) Javier Claure C.
Estocolmo

Javier Claure C. es un escritor boliviano radicado en Suecia

texto y fotografía (c) Javier Claure C.







sábado, 11 de febrero de 2017

Ushuaia, al Sur del Sur

Faro Les Eclaireus
Isla de los Pájaros 
Canal Beagle
Federico, tripulante del velero de Tres
Marías en el canal Beagle 
Jardín Histórico
Museo del Fin del Mundo 
Muestra Democracia, una construcción colectiva
del artista Alejandro Abt 
Cerro y Glaciar Martial 
Muestra Democracia, una construcción colectiva,
del artista Alejandro Abt 
Referencia Histórica del Jardín Histórico
de la Antigua Casa de Gobierno donde se encuentra
el Museo del Fin del Mundo 
distancias entre Ushuaia, Buenos
Aires y La Quiaca
los lupinos son flores comunes en Ushuaia, aquí están en el Jardín Histórico 
vista de la ciudad de Ushuaia desde la costa, a la izquierda el
Museo del Fin del Mundo
Figuras de Yámanas, antiguos pobladores de
Ushuaia, en el Museo Marítimo 
figura de pirata en el Museo Marítimo 
en el cerro Martial 




































































































































(Buenos Aires)
Conocer la ciudad de Ushuaia resulta es experiencia fascinante. Con sus
atractivos naturales e históricos culturales congrega a  miles de viajeros que llegan
diariamente, hasta ahí desde distintos lugares del mundo.
La ciudad, entre el mar y la montaña, ofrece singulares
atractivos y una diversidad de experiencias. Lo primero que llama la
atención al caminar son las calles empinadas, los colores de las casas
y negocios, la cantidad de flores que aparecen en los jardines.
La ciudad de Ushuaia, capital de la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida
e Islas del Atlántico Sur, cuenta con el Puerto más austral del país, y una
serie de atractivos turísticos y culturales. Es la única terminal portuaria
de Tierra del Fuego y por ahí transita el 7,2% de la oferta de cruceros a
nivel mundial.
Entre los atractivos turísticos y culturales se encuentran el Glaciar Martial,
el Paseo Centenario, el Paseo de las Artes, Paseo de los Pioneros Antárticos
y la Pista de esquí de fondo Francisco Jerman. Se pueden realizar paseos en
cruceros y en veleros para navegar por el canal Beagle, conocer el Parque
Nacional Tierra del Fuego, ir al Circuito de los Lagos, hacer caminatas con
guías. También se puede practicar golf, buceo y hacer sobrevuelos en avionetas
y helicóptero.
Dentro de la ciudad hay varios museos y sitios históricos para conocer que
incluyen muestras de arte.
Uno de los museos más notables es el Museo Marítimo de Ushuaia que incluye
el Museo del Presidio, el Museo Antártico y el Museo de Arte Marino.
El Museo Marítimo de Ushuaia es el Primer Museo en Sud América en
obtener la certificación ISO 9001-2008 Excelencia en atención al visitante
y mejora continua.
Otro museo notable es el Museo del Fin del Mundo, alojado en la Antigua
Casa de Gobierno, donde se pueden apreciar muestras vinculadas a la historia
más reciente de la ciudad de Ushuaia. Una es la ineludible referencia al Presidio
y la Cárcel de Reincidentes, que funcionó entre 1904 hasta 1947, que junto
a una recreación de un almacén de mediados del siglo XX, nos acerca a costumbres
e imágenes de cómo era vivir en aquella pequeña aldea. Además, se puede ver
el Jardín Histórico poblado de plantas y flores coloridas.

Navegar por el Canal Beagle también es una experiencia única, se puede
hacer la navegación en velero, crucero o catamarán. Realicé una excursión
en velero, por el Beagle, hasta la Isla de los Lobos Marinos, Isla de los Pájaros
que incluye además trekking por la isla H. Este velero es de la compañía
Tres Marías, pionera en la navegación de aventura, una de las más antiguas
que operan  en el Puerto de Ushuaia. El velero, tripulado por Ezequiel
y Federico navega por las aguas del canal Beagle. El paisaje se torna de un color azul
intenso  desde el cielo hasta el mar. Luego se detiene en la Isla H, que es una reserva
natural con vistas panorámicas, avifauna, flora y viejos asentamientos indígenas
Yámanas, donde se puede bajar y hacer trekking. Sin duda se trata de una
experiencia excepcional.
El Cerro y Glaciar Martial es otro atractivo, donde se puede estar en contacto
con la naturaleza gozar de la belleza y la tranquilidad del lugar.
Esta es una crónica breve ya que seguirán publicándose una serie de notas
sobre esta fascinante ciudad.