viernes, 18 de agosto de 2017

Juan Rulfo, Pedro Páramo y la poesía en México por Washington Daniel Gorosito Pérez

      

(México, D.F.) Washington Daniel Gorosito Pérez
Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, el padre de “Pedro Páramo”, esa novela que es una versión moderna y existencial del purgatorio, el segundo de los tres cantos de la Divina Comedia de Dante Alighieri.
Originalmente la novela Pedro Páramo se denominaría, “Los murmullos”, pero finalmente el escritor jalisciense decidió bautizarla con el nombre del amo y señor de vidas y haciendas de Comala y de las tumbas también.
Pedro Páramo, ese cacique rural, bien a la mexicana, violento y rencoroso de la época de Porfirio Díaz y la Revolución Mexicana, no en vano en su periodo de gobierno lo ubicará y en un lugar (San Gabriel, en el Estado de Jalisco, tierra del mariachi y el tequila; el pueblo de la infancia de Rulfo donde vivió con su abuela, que un día fue próspero y que en la novela se transforma en Comala en un territorio desolado.
De esa manera Juan Rulfo abordará el mito del paraíso perdido. La ideología y cultura del amo y señor de la Medialuna, Pedro Páramo es patriarcal, autoritaria y dominante, basada en los antiguos códigos de propiedad y en una legitimidad que encontrará sus raíces en los encomenderos del siglo XVI que se establece en la Nueva España en el 1503 con un sistema muy parecido al feudal.
Ese Pedro Páramo que obliga a Susana San Juan a convertirse en su esposa, en cuyo amor forzado encontrará su propia condena y muerte. Esta le llegará mientras contempla en el horizonte el camino recorrido por el cadáver de su mujer camino al cementerio.
Aquél Juan Preciado que al inicio de la novela buscaba a su padre Pedro Páramo, irá descubriendo lentamente que en realidad su padre ha muerto y que él mismo también está muerto.
El escritor utiliza de forma magistral una estructura de fragmentos relatados por narradores diferentes, ubica a sus personajes al otro lado de la muerte. No hay posibilidad de diálogo entre los vivos, la comunicación es canalizada a través de los muertos. Solo de esa manera es como Juan Preciado le puede contar a Dorotea, desde la vecindad de su tumba, el propósito y los avatares de su visita a ese territorio, Comala, pueblo vacío y desierto.
Allí convergen palabra y silencio. No olvidemos que Rulfo consideraba necesario exprimir la palabra, quedarse con lo esencial de un texto. En los pueblos de su infancia la palabra era parte del silencio. El silencio para Juan Rulfo era tan importante como el sonido de la palabra.
Contó en una ocasión la periodista argentina Adriana Bianco, amiga de su hijo Pablo y que trabajaba en la Galería de Arte Arbil, que cuando Rulfo fue a ver una exposición fotográfica de Manuel Álvarez Bravo y sus alumnos, en determinado momento el escritor le dijo: “La poesía está en cualquier rincón de México”.
Pese a que en 1970 fue laureado con el Premio Nacional de Literatura y en 1983 recibió el Premio Príncipe de Asturias, entre otras importantes distinciones, y fue traducido a más de 50 idiomas, esto no parecía importarle mucho. Parecía que Rulfo decidió refugiarse en otro mundo, el mundo de Pedro Páramo, sabía que el “realismo mágico” estaba en Comala y fue el padre de ambos, del movimiento literario y del cacique.
Rulfo sólo tejió las palabras para devolvernos la imagen y el dolor de su México profundo. Alguna vez dijo el escritor: “todo lo que platico o escribo nunca ha sucedido”. Esa creatividad literaria logra que la poesía esté presente en cada hoja de Pedro Páramo, desde sus primeras líneas que les comparto traducidas al náhuatl, lengua que se mantiene viva en México con casi tres millones de hablantes y es más que dulce:
“Ni hacico Comala ipampa nechilhuihqueh nican nemiyaya notah, ce tlacatl Pedro Páramo”.
“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”.

 (c) Washington Daniel Gorosito Pérez
México, D.F.

Washington Daniel Gorosito Pérez es un escritor y periodista de origen uruguayo radicado en México 

imagen: afiche de la  exposición de fotografías de Juan Rulfo "Juan Rulfo fotógrafo"

martes, 8 de agosto de 2017

Acerca de los cincuenta años de "Cien años de soledad" por Magda Lago Russo

tapa del libro Cien años de soledad de
Gabriel García Márquez ilustración de Luisa Rivera
Penguin Random House Grupo Editorial 


(Montevideo) Magda Lago Russo 
Cien años de soledad narra la vida de la familia Buendía y su permanencia en el pueblo de Macondo que fue destruido luego de cien años. Este se fundó luego de que José Arcadio Buendía partiera junto a su esposa Úrsula Igüarán y un grupo de amigos hacia la sierra, pues buscaban escapar del espectro de Prudencio Aguilar, víctima de José Arcadio. En el verano de 1965, radicado en México con su esposa, Mercedes Barcha, sus hijos Rodrigo y Gonzalo, llegó a la cabeza de Gabriel García Márquez la determinación de materializar la novela que desde su adolescencia tenía en mente y que realmente lo llenaba profesionalmente. Gabo (como así lo llamaban) pudo dedicarse a escribir después de asegurarse una entrada económica mínima para el sustento de su familia con los contratos para publicar sus obras previas en inglés y en francés, gestionados por la agente literaria Carmen Balcells. Aunque el dinero recibido no fue suficiente, la familia García-Barcha vivió, tal como contó el propio autor, varios meses a crédito y con préstamos de amigos cercanos En septiembre de 1966, después de trabajar durante dieciocho meses el libro Cien Años de Soledad, García Márquez fue a la oficina de correos más cercana de su casa en Ciudad de México para enviar a Buenos Aires el voluminoso manuscrito de casi quinientas páginas. Una vez allí, él y su esposa Mercedes descubrieron que no tenían el dinero suficiente para enviarlo todo, por ello enviaron la mitad. En Argentina estaban ansiosos de conocer el desenlace del libro porque a los primeros críticos les pareció una genialidad. Es así que, para enviar el segundo tomo, empeñaron los únicos electrodomésticos que les quedaban -el secador, el calentador y la batidora- y volvieron para enviar el resto. Aproximadamente trece meses le tomó a García Márquez escribir ‘Cien años de soledad’ (desde julio de 1965 hasta agosto de 1966), aunque casi un año más estuvo corrigiendo y afinando detalles de la narración que finalmente fue impresa el 30 de mayo de 1967. La portada estaba a cargo, a petición del propio Gabo, del artista mexicano-español Vicente Rojo, quien no alcanzó a enviar la ilustración a tiempo para la primera edición, por lo que Sudamericana pidió a su diseñadora Iris Pagano improvisar la carátula con un galeón perdido en medio de una selva azul y tres flores amarillas. El diseño de Rojo con figuras geométricas y mucho más sencillo salió con la segunda edición. Las dudas sobre la calidad de la novela eran una constante preocupación de García Márquez, quien al contrario de lo que dicen las leyendas, contó con las opiniones de sus allegados e inclusive de los lectores de diarios colombianos. García Márquez recibió un adelanto de 500 dólares por su obra más célebre cuenta la editora argentina Gloria Rodrigué que fue testigo cercana de la publicación de Cien años de soledad, la novela de Gabriel García Márquez que cambió el mapa literario de América Latina. Aparecida por primera vez hace medio siglo en Buenos Aires, que lo lanzó al reconocimiento universal en una entrevista, Rodrigué (Editorial Sudamericana)  dice: “Fue un contrato con un anticipo de 500 dólares, que hoy parece absurdo. Pero en esa época era un autor colombiano desconocido acá absolutamente, que no había tenido éxito con ninguno de sus libros”. La primera edición de la saga de los Buendía en Macondo publicada por Sudamericana se terminó de imprimir el 30 de mayo de 1967 y se “vendió volando”. “No había pasado ni un mes y tuvimos que reeditarla, increíble. Fue como un milagro, porque tampoco hicimos publicidad.”  Los primeros lectores de los manuscritos –como Mario Vargas Llosa y Álvaro Mutis*– ya comentaban en voz baja que era una de las mejores novelas en lengua castellana en muchos años, e incluso la editorial había doblado el tiraje luego de las pruebas de imprenta, Gabo, incrédulo, no esperaba nada extraordinario. Tenía 40 años, cuatro libros publicados y ninguno era un éxito. Lo que vino después fue una avalancha inesperada que removió los cimientos de la literatura universal y que aún no se detiene: la historia de las siete generaciones de la familia Buendía y de Macondo, un pueblito imaginario en el Caribe colombiano se convirtió en un fenómeno mundial que, hasta el momento, ha sido traducido a unos 49 idiomas, publicado por más de 100 editoriales y ha vendido más de 40 millones de copias en todo el mundo, sin contar las ediciones piratas. ¿Pero cómo un libro sobre un pueblo ficticio en Colombia se convirtió en una de las historias más universales de los últimos tiempos? Gran parte de la respuesta está en la historia que contó García Márquez. Las alegrías, las tragedias y las ilusiones de los Buendía en Macondo no sólo identificaron a los pueblos de América Latina, sino que también les llegaron al corazón a personas de todos los rincones del mundo. William Joseph Kennedy, el escritor y periodista estadounidense que ganó un Premio Pulitzer en 1984, escribió alguna vez en el diario The New York Times que Cien años de soledad era la primera pieza de literatura que toda la especie humana debería leer, después del Génesis. “García Márquez –dijo– ha hecho nada menos que crear en el lector un sentido de todo lo que es profundo, significativo e insignificante en la vida”. Las historias de Macondo, de hecho, no son muy distintas a las que ocurren en algunos lugares de África o en regiones como el lejano Oriente, que durante varios siglos vivió en medio de una sociedad feudal. La novela, además, se convirtió en un texto de referencia para los gobiernos de izquierda que en esa época regían en Europa del Este, Asia y buena parte de América Latina. Personajes como el coronel Aureliano Buendía –quien dirige varias revoluciones fracasadas contra un gobierno conservador– y temas como la pobreza en el campo o la explotación de la tierra por parte de empresas extranjeras sirvieron para que el libro circulara en los países socialistas. Pero más allá de los temas políticos, sociales y comerciales, la novela de Gabo marcó una época en la literatura universal. En Hispanoamérica, algunos afirman que es la segunda obra más importante de la lengua castellana después de Don Quijote de la Mancha. Hizo popular un estilo conocido como el realismo mágico, lleno de escenas extraordinarias y mágicas (hombres que vuelven de la muerte, hilos de sangre que recorren las calles de un pueblo o hermanos que quedan marcados con cruces de ceniza en la frente), al tiempo que se narran temas de fondo como el día a día de una sociedad rural y la violencia. De hecho, a partir de Cien años de soledad, varios de los mejores escritores del mundo encontraron la inspiración para contar sus propias historias. Para Gabo, quien gracias a la novela se convirtió en una figura mundial y quince años después se ganó el Nobel de Literatura, todo fue inesperado. “No sé a qué horas sucedió todo “–dijo en un congreso de la Real Academia de la Lengua Española llevado a cabo en 2007 en Cartagena. Cien años de soledad sigue alegrando la vida de lectores en cualquier parte del mundo. De hecho, lo más seguro es que en este mismo momento muchas personas de distintas razas, países y orígenes estén sumergidas en la historia de Macondo y de aquella tarde remota en la que el padre de Aureliano Buendía lo llevó a conocer el hielo.
 (c) Magda Lago Russo
Montevideo
Uruguay

Magda Lago Russo es una escritora uruguaya
*Álvaro Mutis Jaramillo(1923, Bogotá, Colombia - 2013, Ciudad de México)
Fueun novelista y poeta colombiano. Es considerado uno de los escritores hispanoamericanos contemporáneos más importantes

Fuentes: Semana (Revista colombiana)  y Agencia DPA Bogotá.

                                                 


lunes, 7 de agosto de 2017

Ida Vitale en Montevideo con su "Poesía reunida" por Washington Daniel Gorosito Pérez

(México, D.F.) Washington Daniel Gorosito Pérez

      Ida simplemente, como la conocemos sus lectores regresó por enésima vez a su Montevideo, esta vez con el objetivo de presentar un libro fundamental para entender la vida de las palabras, que la poeta magistralmente ha combinado en esta última parte de la modernidad.
“Poesía reunida” (1949-2015), allí en esos poemas está la historia de su vida, pero también, parte de nuestra historia está allí presente. Nos dice Ida en el poema “Viaje de vuelta”, incluido en su libro Trema editado en el año 2005 cuando su exilio estaba próximo a concluir tras casi cuatro décadas; lo inició viviendo en su querido México de 1974 a 1984, regresó a Uruguay hasta 1989 para después trasladarse a Estados Unidos, específicamente a Texas a la ciudad de Austin en cuya universidad ejerce la docencia.
Volvamos al poema:
“Regresar es
volver a ocuparse
de devolver a la tierra
el polvo de los últimos meses;
recibir del mundo
el correo dormido
intentar saber
cuanto dura
una memoria de paloma
La Montevideana Ida (1923), ha ido reinventando al decir de Eduardo Espina, un lenguaje con idioma propio (y viceversa), engrandeciendo en temas y formas una obra que comenzó en la década de los 40 y que, como boomerang cargado de noticias en su viaje por el espíritu, se dispone a concluir en el mismo sitio de donde salió.
Recordemos que cuando en el 2015 recibió en Madrid de manos de la propia Reina emérita, el XXIV Premio Reina Sofía de Poesía, se dijo que su obra está caracterizada por su “rigor extremo con el lenguaje, su experimentación formal, la mirada profunda a la realidad aunque sea una poeta introspectiva, su mirada llena de curiosidad, casi inquisitiva”.
Es que las poetas como Ida, son las encargadas de mantener vivo el lenguaje del lugar donde han nacido, en cada uno de sus libros lo destaca pese a sus prolongados períodos viviendo en el extranjero.
Cuando en el 2014 recibe el Premio Internacional Alfonso Reyes, el Rector de la Universidad de Monterrey, Doctor Antonio J Dieck Assad, la consideró “un referente de la cultura mexicana”, hay que agradecerle por brindarle a México “su brillante utilidad” y, sobre todo, su “vitalidad literaria”.
Tengamos presente que Ida, radicó en México por iniciativa del poeta Octavio Paz, y se integró como asesora de la revista Vuelta que dirigía el futuro Premio Nobel de Literatura en 1990. Vitale pese a conocer el exilio real, político, se siente en realidad una “exiliada” en un mundo cuyo mapa está trastocado.
Vuelan fronteras de un país
cuyo falso centro está en nosotros.
El norte está en el sur,
este y oeste se confunden”.
A sus 93 años, Ida Vitale, integrante de la denominada Generación del 45, con Idea Vilariño, Mario Benedetti, el crítico literario Ángel Rama quien fuera su primer esposo y Carlos Maggi entre otros notables; discípula de José Bergamín y Octavio Paz, de quien Juan Ramón Jiménez la señaló como un talento a seguir en una antología de poetas jóvenes que él compiló y vaya que acertó el bardo español, Premio Nobel de Literatura en 1956, autor entre otras maravillas de Platero y yo que nos hizo reír y lloran cuando cursamos la escuela primaria oriental.
El año pasado fue muy duro para Ida, falleció su esposo y compañero por casi 50 años, Enrique Fierro, uno de los poetas uruguayos más destacados. Hace unos meses declaró en una entrevista al Periódico El Universal de México: “Cuando murió Enrique apunté muchas cosas y supongo que si sale otro libro de poesía, será de un tono muy diferente al que he estado acostumbrada hasta ahora”. La que se denomina “poeta, que no poetisa, “porque poetisa se presta a faltas de ortografía”; nos regala La gran pregunta incluido en “poesía reunida”:
La gran pregunta
¿Qué hacer? ¿Abrir al mar la estancia de la muerte?
¿O enterrarse entre piedras que encierran
amonitas fantasmas y prueban que fue
agua este humano desierto?


(c) Washington Daniel Gorosito Pérez
México D.F.

Washington Daniel Gorosito Pérez es un escritor y periodista de origen uruguayo radicado en México




jueves, 3 de agosto de 2017

X Jornadas Internacionales de Mujeres Escritoras en Brasil

Isabel Ortega y Lygia Fagundes Telles


(Buenos Aires)

Los próximos 9 y 10 de agosto se realizarán las X Jornadas Internacionales de Mujeres Escritoras en las ciudades de San José de Río Preto y Votuporanga (SP) Brasil.
La Presidenta de Honor será la escritora Lygia Fagundes Telles y la coordinación estará a cargo de su creadora y organizadora Isabel Ortega. 
Entrevistamos a  Isabel Ortega:


Como ya lo anunciáramos, las actividades y las participantes serán las siguientes:


Se publican a continuación algunas fotografías de escritoras y escritores que participaron durante las Jornadas realizadas en años anteriores:



Lygia Fagundes Telles, José M. Botelho y Nelly Novaes Coelho (San Pablo)

Isabel Ortega (San José de Río Preto) con las escritoras indígenas Eliane Potiguara
(Río de Janeiro) y Gloria Dávila Espinoza (Perú)

Isabel Ortega, Romildo Santana (San José de Río Preto) y Laura Freixas
(España)

Giulia Moon (San Pablo) y Nhonguita Diogo (Angola)

Darlene Daukane (indígena del Brasil)
Niminon Suzel Pinheiro (San José de Río Preto)

Gloria Dávila Espinoza (indígena del Perú), Isabel Ortega (San José de Río Preto),
Fernando Varela (España), Nilza Amaral (San Pablo), Silvia Plager (Argentina), Baby
Garroux (San Pablo)

Jurema Batista (Río de Janeiro)




Marcia Kambeba (Amazonas)

Hygia T. Calmón Ferreira (San José de Río Preto)
Laura Hernández (México) y Rita Braun (Polonia)


Araceli Otamendi (Argentina) 

Niminon Suzel Pinheiro (Rio Preto), Stella Maris (Rio de Janeiro), Tássia Camargo (Rio de Janeiro), Chiquita Barreto (Paraguay), Giulia Moon (San Pablo),  Anami Randa (Portugal),  Nhonguita (Angola), Consuelo Tomás (Panamá), Isabel Ortega, Elena de Hoyos (México)



 Leonor Scliar (Santa Catarina), Gloria Dávila (Perú), Nilza Amaral (São Paulo), Candida Botelho (São Paulo), Hygia                                                                     T. Calmón F. (Rio Preto), Beatriz Amaral (São Paulo), Ligia Guidin (São Paulo), Isabel Ortega  e Vida Luz  Meneses                                                                           (Nicaragua), Araceli Otamendi (Argentina) y Alicia Torres (Uruguay)
Vidaluz Meneses (Nicaragua, fallecida en 2016)

     Pia Barros (Chile), Consuelo Tomás (Panamá),
Chiquita Barreto (Paraguay), Isabel Ortega

Tassia Camargo (Río de Janeiro)