domingo, 24 de diciembre de 2017

Kazuo Ishiguro en la Biblioteca Rinkeby: Cambiar el mundo para que sea mejor habitable por Javier Claure C.

Kazuo Ishiguro flanqueado por su mujer y su hija con los estudiantes
de Rinkeby por detrás

Kazuo Ishiguro y Gunilla Lundren, una de las organizadoras del
evento 

Ishiguro con la bibliotecaria en Rinkeby 

Ishiguro mostrando  uno de los folletos
elaborados por los estudiantes en Rinkeby 

(Estocolmo) Javier Claure C.
                                   
Por vigésima sexta vez, el 12 de diciembre del año en curso, la Biblioteca de Rinkeby, situada a 11 kilómetros del centro de Estocolmo, recibió al Premio Nobel de Literatura. Este año el galardonado es Kazuo Ishiguro nacido en Nagasaki (Japón) en 1954, y residente en Inglaterra desde los 5 años. Ishiguro llegó al lugar indicado alrededor de las 12:45 (hora sueca) acompañado de su mujer Lorna MacDougall y su hija Naomi Ishiguro. Apenas entraron a la Biblioteca se escucharon palmadas de aplausos. Los invitados tomaron posición en primera fila y en orden consecutivo ingresaron niños y niñas del Colegio Askeby con batas blancas y velas en las manos. Y bajo la batuta de Rolando Pomo entonaron, entre otras melodías, la famosa canción navideña “Santa Lucia”. Participaron también en este “acto Nobel” estudiantes de las clases 8A y 7- 9 D del Colegio de Rinkeby, quienes le dieron la bienvenida a Ishiguro en diferentes idiomas, incluso en japonés. Maryan Artan y Leila Friberg fueron las maestras de ceremonia, y explicaron que durante el otoño sueco leyeron la novela de Ishiguro titulada “Nunca me abandones”. Novela que fue editada el año 2007 por la Editorial española Anagrama, y que fue llevada a la pantalla el año 2011. Los adolescentes confesaron que el mensaje de la novela había calado por las fibras de sus sentimientos. Y agregaron: “Es un libro muy triste. Los seres humanos nos necesitamos unos a otros, y los adolescentes de la novela no tienen familia. Es horroroso que la ciencia se preste para crear clonaciones humanas”. Ilhan Bashir reveló: “Cuando leí la novela, mi cabeza se llenó de imágenes. La vida de Kathy, Tommy y Ruth es realmente cruel. Nunca olvidaré el contenido de este libro”. De la misma manera, Sabina Mustafa expresó: “A medida que iba leyendo la novela, cada frase me introducía en esa triste historia”. En el folleto elaborado por los estudiantes hay retratos de Kathy, de Ruth y de Tommy.
Las confesiones escritas arriba tienen un alto grado de certeza. A grandes rasgos, “Nunca me abandones” es una novela de ciencia ficción con tres protagonistas: Kathy, una adolescente atenta, cuidadora y solidaria con sus amigos. Pero, sobre todo, curiosa de conocer la verdad. Ruth, otra adolecente un poco egoísta y con tendencias dominantes. Tommy, un muchacho rebelde que no acepta la realidad ni su entorno, sino más bien intuye que algo se esconde debajo de la vida que lleva. Estas tres personas viven en un Internado de nombre Hailsham, rodeado de colinas y hermosos bosques frondosos. Sin embargo, este establecimiento educativo es muy diferente a los demás porque, en el fondo, los alumnos son educados para donar sus órganos a quien lo necesite. Con el correr del tiempo Kathy, Ruth y Tommy construyen una relación fuerte de amistad en el Internado, donde además viven otros adolescentes y personajes secundarios. Su maestra, la señorita Lucy, les recalca que son personas muy especiales. Y, de esta manera, se crea un ambiente de curiosidad, pero también de muchas incógnitas. En realidad, “lo especial” de esos alumnos encerrados en un inmenso local; es que son clones humanos. Y como tal, no tienen padres ni familia. Es decir, son una reproducción de carácter asexual, llegados al mundo, digamos así, por medio de una brujería realizada en laboratorios sofisticados. Y a pesar de su aspecto humano tienen diferente identidad, personalidad y comportamiento. Son seres incompletos con una individualidad extraña sin padres, sin familia, sin amor, sin esperanza, sin sueños, sin fiestas y un entorno social muy reducido. Lo más asombroso y aterrador es que pasan los años. Y llegará un día en el que serán convocados a un quirófano para extraerles sus órganos uno a uno. Kazuo Ishiguro narra estos episodios magistralmente, pero sin ningún trasfondo científico que defienda la clonación humana.
Volviendo a los estudiantes, una muchacha manifestó: “Es muy positivo pertenecer a una de las tantas culturas, aquí en Rinkeby, en donde se habla varios idiomas. Además, uno observa la realidad desde diferentes perspectivas. La cultura, la religión y la economía influyen mucho en la vida de los seres humanos. El dinero proporciona poder y estatus. La compasión desgraciadamente puede desaparecer. Si una persona, como nosotras, vive en Rinkeby, tiene la piel oscura y utiliza “hiyab” (palabra en árabe que significa velo. Las mujeres musulmanas suelen utilizar este hiyab para cubrirse la cabeza y el pecho), entonces es posible ser expuesta al racismo. Tenemos experiencias de ese trato”. Con estas palabras, los estudiantes de Rinkeby tocaron importantes aspectos sociológicos.
Para empezar, la población de Rinkeby está compuesta por inmigrantes que llegaron de todos los rincones del mundo. De África, de Europa, de Asia, de Oriente y de América Latina. La coexistencia de culturas ha hecho posible la tolerancia, y a convivir en paz con diferentes tradiciones, costumbres, idiomas, artes culinarias, tiendas exóticas etc. La gente que vive en este sector es de origen proletario, pero también es cierto que existe un alto porcentaje de cesantía y los ingresos son más bajos comparando con otros lugares de Estocolmo. Tomando en cuenta estos parámetros, no es de extrañar que se hayan dado confrontaciones entre la Policía y la juventud, mayoritariamente extranjera, de Rinkeby. En un conflicto ocurrido en junio de 2016, muchos jóvenes expresaron su preocupación por la falta de trabajo, y que el Gobierno se ha olvidado de ellos. En otras palabras, no los considera como una parte de la sociedad sueca. Como respuesta a estos dichos el Primer Ministro, Stefan Löfven, prometió tomar medidas para mejorar la vida en esta zona. Pero lo realmente alarmante, en este contexto, es que el partido Demócratas de Suecia (Sverigedemokrater), liderado por Jimmie Åkesson, va ganando adeptos cada año que pasa. Básicamente es un partido político que tiene orígenes neonazis y es de carácter xenófobo. Desde su llegada al Parlamento, en 2010 con el 5.7% de los sufragios, va creciendo de manera asombrosa. Hoy en día es la tercera fuerza política de Suecia, y está en sus manos el equilibrio de poder.
Algunos puntos de su programa político son: restringir la inmigración, aumentar el presupuesto militar, unirse a la OTAN, pruebas estrictas del idioma sueco y cultura a los inmigrantes que soliciten la ciudadanía sueca, prohibición de atención médica y dental a los inmigrantes indocumentados etc. Y como si fuera poco, es un partido que tiene sus dardos bien afilados contra la religión musulmana. Richard Jomshof, portavoz de justicia de los Demócratas Suecos, ha dicho en una entrevista que el “islamismo es como el nazismo”.
El ex miembro del Comité de Justicia, Kent Ekeroth, un acérrimo enemigo del Islam, considera que esta religión es muy peligrosa.  Y en su blog ha escrito cosas como: “Me da bronca cuando enciendo la televisión y veo a una persona que no es sueca. Prefiero una bomba de hidrógeno antes que el Islam”. Como podemos observar, hay mucho de cierto cuando las alumnas del Colegio de Rinkeby manifiestan ese racismo que sienten, por el único hecho de llevar un “hiyab”.
No obstante todas esas tendencias negativas, Suecia es un país de bienestar, en donde la enseñanza a nivel primario, secundario y universitario es completamente gratuita. La persona que realmente quiere estudiar una carrera universitaria, tiene derecho a solicitar un préstamo de estudios, independientemente si viene de un hogar proletario. A diferencia de los clones humanos de la novela de Ishiguro, los adolescentes de Rinkeby tienen padres, familia, entorno social, esperanzas y, naturalmente, sueños. Precisamente esos sueños y anhelos que tienen metidos en la cabeza exteriorizaron ante Ishiguro, su familia y el público. Un estudiante dijo por ejemplo:
Mi sueño es ser médico y deseo crear una organización para ayudar a la gente pobre. Soy de Irak y vivo en Suecia.
Otra alumna confesó:
-   Mi sueño es ser abogada.
Una tercera persona exclamó:
-   Mi sueño es crear la paz en el mundo.
Pero el que se llevó aplausos de la sala es un estudiante somalí, quien declaró:
Mi sueño es ganar el Premio Nobel.
Y para terminar la ceremonia se leyó un texto con el siguiente mensaje:
El sentido de la vida es cambiar el mundo para que sea mejor habitable. Algún día nos vamos a morir, y queremos dejar huellas positivas y alegres en esta Tierra. Tener sueños en la mente nos ayuda en el vaivén de nuestras vidas. Después de estas palabras Kazuo Ishiguro totalmente emocionado y casi con lágrimas en los ojos – como él mismo lo expresó – se levantó de su asiento, tomó el micrófono y pronunció: “Ayer me invitaron al Castillo Real y me senté al lado de la reina. Pero quiero confesarles honestamente que la actuación que han preparado para hoy, me ha conmovido profundamente. Ustedes me han obsequiado un hermoso recuerdo que lo llevaré en mi memoria. Aquí está el futuro, porque así lo han demostrado. Muchas gracias”.  Naomi Ishiguro escuchaba muy atenta las palabras que salían de la boca de su padre, mientras las lágrimas le corrían por las mejillas.

(c) Javier Claure C.
Estocolmo

Javier Claure C. es un escritor de origen boliviano radicado en Suecia.

fotos (c) Javier Claure C.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Kazuo Ishiguro explora sobre lo que se debe hacer para sobrevivir por Javier Claure C.

Kazuo Ishiguro 

             Sara Danius (secretaria de la Academia sueca) y 
Kazuo Ishiguro, 7 de diciembre 2017, Estocolmo (Suecia)

Tarima desde donde habló Kazuo Ishiguro
    Edificio de la Academia Sueca ubicado en la Ciudad Vieja,
     Estocolmo, Suecia 


  (Estocolmo) Javier Claure C. 


Como todos los años en estas fechas se llevan a cabo, aquí en Estocolmo, muchos acontecimientos relacionados con el Premio Nobel. Más exactamente, el 7 de diciembre, de cada año a las 17:30 (hora sueca) en un hermoso salón del edificio de la Academia Sueca, da su discurso el Premio Nobel de Literatura. Miembros de dicha Academia y un público exclusivo se dan cita en el recinto para escuchar las palabras del laureado con el Premio más famoso del mundo.
Acudí, una vez más, a este solemne acto pero a diferencia de las veces anteriores, llegué al local casi 50 minutos antes que empezara el discurso Nobel de Kazuo Ishiguro. Este hecho permitió ubicarme en tercera fila. Así que pude observarlo minuciosamente al conferenciante. Cuando llegó la hora indicada, la secretaria permanente de la Academia Sueca, Sara Danius, junto a Ishiguro salieron de una puerta lateral. Los presentes se pusieron de pie, y los aplausos estallaron en el salón pulcro de paredes blancas con decoraciones doradas y luminosas arañas que colgaban del techo. Acto seguido, el silencio se apoderó del aposento. Ishiguro con el pelo bien corto, impecablemente vestido de terno negro, camisa blanca, zapatos negros y una corbata ploma con jaspes blancos, se sentó en la primera fila en la sección donde se encontraban los miembros de la Academia. Mientras tanto, Sara Danius, dio la bienvenida al público e inmediatamente cedió la palabra a Ishiguro, quien se dirigió a la tarima. Y desde allí dijo en tono humorístico: “Escuché que la puerta por la cual atravesamos Sara Danius y yo, se abre solamente dos veces al año. Me siento honrado por ser una de las personas que ha cruzado esa puerta. Me pregunto si la puerta está cerrada con llave, si trato de salir por el mismo camino” (risas). Luego empezó su discurso titulado “Mi velada con el siglo veinte y otros pequeños descubrimientos”. Un texto de 10 páginas que describe cronológicamente la vida y los episodios por los que pasó Ishiguro.
Su padre era científico, un oceanógrafo a quien el Gobierno británico le había ofrecido un trabajo. Así llegaron a Inglaterra, toda la familia, en abril de 1960. Kazuo tenía apenas 5 años. Estudió el nivel primario en un colegio de Guilford, una ciudad ubicada a 43 kilómetros del centro de Londres. Y cursó sus estudios secundarios en otra ciudad próxima a la que vivía. También asistía a la catequesis y formó parte del coro de una iglesia. Al referirse a esa época dice: “Cuando iba de visita a casa de un amigo, sabía que tenía que ponerme de pie en cuanto entraba un adulto en la habitación, aprendí que durante una comida debía pedir permiso para levantarme de la mesa. Al ser el único extranjero del barrio, me perseguía una suerte de fama local”. Sin duda alguna que se integró en la sociedad inglesa. Pero también es cierto que la influencia de sus padres en el hogar, marcaron tradiciones niponas en la vida del laureado. Este hecho hizo, quizá, que mantenga una imagen viva, y a distancia, de la cultura japonesa.
Cuando habla de sus padres agrega: “La intención de mis padres era que regresásemos a Japón  dentro de un año o tal vez dos. Durante nuestros primeros once años en Inglaterra vivimos en un permanente estado de vuelta a casa el año que viene. Mis padres seguían siendo visitantes y no inmigrantes. A menudo comentaban entre ellos las peculiares costumbres de los nativos sin sentirse en absoluto impelidos a adoptarlas”. Todo esto confirma lo ya conocido en muchas familias inmigrantes en algún país. Es decir, viven con un pie en el país de origen y con el otro en el país acogedor, planificando el retorno a casa. Pensamiento, que con el tiempo, se va languideciendo; ya que los miembros de la familia estudian, trabajan y forman sus propias familias. O sea, van echando raíces en el país hospitalario. Entonces lo que parecía pasajero, en un momento determinado del tiempo, se torna en una eternidad. Y con una verdad de por medio: los padres que llegaron a una edad avanzada difícilmente adoptan las costumbres del país acogedor, y no suelen aprender bien el idioma. Pero también debo decir que obviamente hay excepciones.
Según las palabras de Ishiguro, el alejamiento físico de Japón y de su ciudad natal Nagasaki ha contribuido, de alguna manera, a que se formara como escritor. En su discurso mencionó: “Cada mes me llegaba un paquete de Japón con los cómics, revistas y boletines educativos del mes anterior, que yo devoraba con fruición. Los comentarios de mis padres sobre sus viejos amigos, parientes y episodios de sus vidas en Japón, me proporcionaron imágenes e impresiones. Además, yo tenía mis propios recuerdos de mis abuelos, de mis juguetes favoritos, de la casa tradicional japonesa, de mi parvulario, de la parada del tranvía, del perro feroz que vivía junto al puente, de la silla del barbero etc”. De hecho, todos estos recuerdos son recursos en potencia para la imaginación de un escritor o de un poeta. El haber dejado su país a muy temprana edad puso en movimiento su imaginación con todo ese material acumulado en su mente. Podríamos decir, entonces, que antes de convertirse en escritor poseía mucha materia prima para pulir. No cabe duda que sus estudios de Literatura Inglesa y Filosofía en la Universidad de Kent, y después su posgrado en escritura creativa en la Universidad de East Anglia, contribuyeron también a su éxito como escritor.
El autor de “Pálida luz en las colinas” confesó que aprendió mucho de Marcel Proust, especialmente en la ordenación de los acontecimientos y las escenas en una novela que no sigue necesariamente la lógica de la cronología, ni la de una trama lineal. También se siente influenciado, entre otros escritores y cantantes, por Franz Kafka y Jane Austen. Con razón la secretaria de la Academia, Sara Danius, comentó: “Kazuo Ishiguro es una mezcla de Jane Austen y Franz Kafka, pero también hay que añadir un poco de Marcel Proust”.
En octubre de 1999, el galardonado visitó Auschwitz, el campo de concentración  situado en territorio polaco e invadido durante la Segunda Guerra Mundial por la Alemania nazi. De seguro que su memoria fue ocupada por los recuerdos del bombardeo atómico a Nagaski en 1945. De esa visita ha manifestado: “Tuve la sensación de haberme acercado mucho, al menos geográficamente, al corazón de la oscura fuerza bajo cuya sombra creció mi generación. En Birkeneau, una húmeda tarde, contemplé las ruinas de las cámaras de gas –extrañamente descuidadas y abandonadas- prácticamente como las habían dejado los alemanes después de volarlas y huir del Ejército Rojo”. Y se pregunta: ¿Qué debemos recordar? ¿Cuándo es mejor olvidar y mirar hacia adelante?
Preguntas que ponen en alerta a nuestra memoria en este mundo que nos ha tocado vivir. Ishiguro ha trabajado como asistente social y con personas que no tienen casa. Tal vez por esta razón ha dicho que en su carrera se ha topado con individuos que sufren enfrentándose a los recuerdos de su pasado y, además, afirma que esta realidad se puede aplicar a las comunidades y a las naciones.
La Academia Sueca explicó que los temas más recurrentes en la obra de Ishiguro son: la memoria, el tiempo y el autoengaño. Y que el escritor, inglés de origen japonés, explora sobre lo que se debe  hacer para sobrevivir como individuo y como sociedad. Otros expertos en asuntos “ishigurianos” aseguran que en sus obras indaga cómo la memoria se relaciona con el olvido, la historia con el presente y la fantasía con la realidad. En otras palabras, Ishiguro trabaja con ese filtro que tenemos en la mente, y que nos permite almacenar información en conformidad con nuestro entorno social, nuestro trabajo, estudios, capacidad intelectual etc. Pero también es posible que esa información acumulada  sea errónea o, en su caso, vaya alterándose para seguir un camino desfigurado lejos de los buenos modales, la ética y la moral. Para, finalmente, caer en el autoengaño. Además, es preciso señalar que la información que no se activa o no se repite, para formar surcos cerebrales, se va borrando con el tiempo hasta llegar al olvido. Probablemente por todo eso, el homenajeado ha escrito sobre personas que se debaten entre olvidar y recordar.
Ishiguro, en su disertación, hizo algunas incursiones en la esfera política: “El año 2016 marcado por sorprendentes, y para mí deprimentes, acontecimientos políticos en Europa y en Estados Unidos, y de nauseabundos actos de terrorismo por todo el planeta, me obligó a admitir que el imparable avance de los valores liberales que había dado por garantizado desde mi infancia podría haber sido una mera ilusión”. En concreto, el liberalismo es una doctrina política que aboga por la libertad individual y el dinamismo privado, siendo su máximo objetivo la no intervención del Estado. Dicho de otra manera, el liberalismo pone en tela de juicio la relación entre los seres humanos y la sociedad, tomando en cuenta el poder político, las leyes, la justicia, los derechos, la propiedad etc.
Y lo que señala Ishiguro, no es sino la decadencia de las fuerzas políticas en los países del mundo. La defensa de las libertades y derechos que atañen a los individuos, a grupos políticos, a gobiernos, a las instituciones y a las autoridades públicas; ha tomado rumbos totalmente inaceptables. En muchas partes del mundo existe una degeneración en la vida política. Y, por consiguiente, ha surgido desigualdad, soberbia, deterioro en los sistemas democráticos, xenofobia, desfalcos, matanzas, racismo, falsedad, cinismo, regímenes totalitarios y corrupción, incluso en los países con democracias establecidas. Dos ejemplos claros de todo esto: el presidente de Corea del Norte, Kim Jong-Un, un joven, de peinado extravagante, sin mucha experiencia en la política y relativamente ignorante. Donald Trump, un ex magnate de la construcción, también ignorante en muchos aspectos y soberbio como sus antecesores. Con sus amenazas de una guerra nuclear ostentan su poderío militar, y pueden llevar a la humanidad a una hecatombe mucho más devastadora de lo que se vio en Hiroshima y Nagasaki.
Ishiguro ratifica también que después de la caída del Muro de Berlín, han surgido enormes desigualdades de riqueza y oportunidades entre países y dentro de los mismos países. Y en la misma dirección señala: “En particular, la desastrosa invasión de Irak de 2003 y los largos años de políticas de austeridad impuestas a la gente corriente después de la escandalosa crisis financiera de 2008, nos ha llevado a un presente en el que proliferan ideologías de ultraderecha y nacionalismos tribales. El racismo, en sus formas tradicionales y en sus versiones modernizadas y maquilladas, vuelve a ir en aumento, revolviéndose bajo nuestras civilizadas calles como un monstruo que despierta”.
Evidentemente, la bochornosa invasión a Irak bajo el pretexto de que Saddam Hussein estaba en poder de armas de destrucción masiva, fue el estandarte de Estados Unidos para consolidar su poder en el mundo, y así evitar que su hegemonía sea disputada por otros países. El populismo ultranacionalista en muchos países europeos,  los partidos de ultraderecha que se acomodan en los Parlamentos de Europa son instrumentos, cuyos efectos tienen su desenlace, entre otras cosas, en ese “racismo modernizado y maquillado”.
Pues bien, Kazuo Ishiguro es un escritor audaz porque ha transgredido el tradicional discurso Nobel. A diferencia de sus antecesores, habla de política, de racismo, de la caída del Muro de Berlín etc. Es dueño de un lenguaje que ha sabido relacionar la historia con el presente. Por lo tanto, escribe con vigor emocional sobre los valores liberales, de su Japón posnuclear, de la aristocracia británica, de la memoria colectiva y de la conciencia frágil que nos puede engañar.
(c) Javier Claure C.
Estocolmo
Suecia 

Javier Claure C. es un escritor de origen boliviano radicado en Suecia 

(c) del texto y fotografías: Javier Claure C.